ROBE

El disco que ha sacado Roberto Iniesta en solitario, fuera de la célebre marca Extremoduro, podría ser descrito con multitud de adjetivos, a cada cual más exaltado, insensato y, según la noche vaya cayendo, más cursi. Sin embargo, de entre todos yo me iría al más alejado de sensibilidades, más clínico, y lo adjetivaría como ‘inevitable’. “Lo que aletea en nuestras cabezas” es un disco inevitable, en algún momento tenía que haber aparecido, y lo ha hecho en el 2015 como lo podría haber hecho hace diez años, o dentro de cinco.

En esto, una aclaración para los neófitos o los haters que podrán surgir en los últimos días, antes de que lo flipen: Roberto Iniesta ES Extremoduro. Por tanto, “Lo que aletea en nuestras cabezas” ES Extremoduro. El extremeño lenguaraz es la máxima y única potencia creativa de la formación; Iñaki ‘Uoho’ Antón le hace de vez en cuando unos arreglillos y le produce como suele, con mucho arte, pero de no ser por Iniesta no habría tutía. Siguiendo este razonamiento, lo de Robe sacando un disco ‘en solitario’ no es más que una maniobra empresarial, un distanciamiento largamente buscado que le permita componer en paz y hacer lo que le salga de sus irreverentes narices.

Claro, el bueno de Iniesta es conocido por siempre haber hecho un poco eso, pero apuesto a que tanto ‘Extremoblando’, tanto ‘rock para nenas’, tanta ‘comercialidad’ que se le ha ido afeando con los últimos discos por los mismos de siempre ha acabado pasándole factura. Extremoduro es un sello tan prestigioso como asfixiante, uno que es asociado forzosamente a solos de guitarra, orgiásticos berridos como el que abría “Yo, minoría absoluta”, y una transgresión que mezcla muy ocurrentemente las flores con los cojones. Después de intentarlo con “Pedrá”, disco que nunca quiso haber sacado con la autoría de Extremoduro pero que así salió publicado, Robe ha podido por fin limitarse exclusivamente a las flores. Ahora, por fin, convertido en un ídolo nacional, ha podido permitírselo. ¿Cuál ha sido el resultado? Pues probablemente el mejor disco en español del 2015. Ahí es nada.

Fotografía: http://robe.es/

[pullquote]Robe sacando un disco ‘en solitario’ no es más que una maniobra empresarial, un distanciamiento largamente buscado que le permita componer en paz y hacer lo que le salga de sus irreverentes narices[/pullquote]

Para el empeño, Robe se ha vuelto para su tierra extremeña, la misma de las bellotas radiactivas y los pantanos; la misma que justificó la génesis nominal de Extremoduro (ahora poco menos que una falacia, ya que todos los miembros salvo Robe son de las vascongadas).

Un regreso a casa, pero uno que tiene más de retiro espiritual que de reencuentro, y en el que se ha rodeado de multitud de músicos talentosos de los que, como ocurre con el bajista de Extremoduro, jamás retendremos el nombre. Músicos jóvenes, incautos, amedrentados por la presencia de la bestia parda de Robe, que han insistido en equiparar la experiencia de la grabación con un ‘máster de lujo’. Robe como guía de las nuevas generaciones. Robe como gurú, lo que siempre ha sido. En fin, centrémonos en el álbum de una maldita vez.

Un Suspiro Acompasado” abre el disco, y lo abre de una manera tan ambiciosa y avasalladora que llega a resultar obsceno. 9 minutos y 11 segundos de canción, ahí es nada, que atestiguan como pocas cosas que aquí disponemos del arte de Robe, el que de verdad le pone, sin filtro ni pliegue. Y 9 minutos y 11 segundos son muchos minutos y muchos segundos, pero “Un Suspiro Acompasado” justifica todos y cada uno de ellos. En efecto, no sólo no se hace larga, sino que es una canción tan hermosa y tan sublime que pone la piel de gallina en una primera escucha, para deparar sensaciones aún más lúbricas en ocasiones postreras. Los violines, los vientos, las guitarras, la voz de Robe como nunca antes la habías oído… Todo confluye en un logro absoluto, una maravilla lírica y melódica tamizada por una atmósfera inenarrable, a caballo entre la ingenuidad de Los Secretos y la dosificación épica de un Arcade Fire (el de los buenos tiempos) o un Divine Comedy. Y todo por algo tan sencillo y tan complejo como, y es que Robe es un tipo de ideas fijas, el amor: el amor que se ha ido, el que se va, el que podría volver: “Si ella baila yo encuentro una canción que habla de nosotros dos… Quédate en silencio y oye el ruido de mis tripas soñadoras, que sueñan con comerte a todas horas…”.

Sin habernos recuperado de la impresión irrumpe “… Y Rozar Contigo”, canción que ya pudimos disfrutar unas semanas antes y, gracias a ella, predisponernos a la grandeza. Una vez contemplada dentro del conjunto del álbum, pasa por un corte bueno, sin demasiadas aristas, que parece haber sido elegido como adelanto más por lo apropiado de su duración (tres prudentes minuticos) que por su calidad intrínseca. Destacan momentos, eso sí, como el subidón barroquísimo de los violines o la hilarante transición del “tic-tac” que hace el corazón de Robe al “tiqui-taca” que hace con… la poesía, supongo. La canción viene con videoclip y todo, una cosa muy indie.

Tras transitar terreno conocido nos topamos con una inhóspita “Nana Cruel”, en la que esos acordes tan reconocibles siguen manteniendo, pese a todo, la familiaridad. Una familiaridad que torna en traición cuando Robe nos ataca despiadado con una sensibilidad desarmante, dolorida y dolorosa, al lado de la cual poco importa lo simplón de algunas figuras y frases, porque te llega, y cómo. Robe nos habla de las pocas esperanzas que tiene depositadas en la humanidad, y sí, es un discurso tontín, maniqueo, pero bien surtido de ALMA, y con una introducción que puede ser de los versos más bellos que ha escrito nunca: “Duérmete, que ya estás a salvo de todo, el Sol se ha ido entusiasmado, le ha salido bien este atardecer…”.

Ni tiempo nos da a sorbernos las lágrimas cuando llegamos a “De Manera Urgente”, acaso el corte más Extremoduro del disco. Un flamenquillo cañero que no descarta, sin embargo, esa parafernalia neoclásica común a todo el álbum. Decía, sí, que es el corte más Extremoduro, pero en efecto no habéis de esperaros guitarrazos ni florituras virtuosas con las seis cuerdas, sólo mucha agresividad.

Aquí de rock hay poco, pero no tenemos por qué esperarlo cuando la siguiente canción es la encantadora “Por Ser Un Pervertido”, corte muy pop que transmite desengaño light y, pese a la amargura de lo recitado, un inefable optimismo. “Pensaba que todo era amor… Pensaba que sólo era amor… Lo tengo merecido por ser un pervertido…”. Ojalá todos nos deprimiéramos con tanta gracia, y con un solo de saxo tan estupendo y perezoso como el que suena sobre el final. Un tema que sin duda no es lo mejor del álbum, pero que tampoco busca serlo.

Toca el turno de una “Ruptura Leve”, la anécdota que nunca podría faltar en un disco alumbrado por Robe Iniesta. Aquí, sin embargo, comprometidos con la causa, hemos pasado de los Manués, los ‘merri crismas’ y los fusilamientos al alba a dos frases recitadas como quien se despierta de la siesta y una melodía de organillo baratejo.

[pullquote]Publique discos bajo la rúbrica de Robe, o Extremoduro, o lo que se le antoje, aquí lo único que importa es que el señor Iniesta no deje nunca de trabajar, y de hacernos sentir dichosos a todos por compartir el siglo XXI con él.[/pullquote]

Ni molesta ni hace gracia, así que sigamos, y alcancemos con “Guerrero” la cumbre del disco, un clásico instantáneo, una canción heroica, emocionante y estupendamente producida; en ningún momento (cosa rara por lo demás en el disco) llegamos a pensar que sobre tanto instrumento de cámara. A “Guerrero”, con su letra grandilocuente, su apuesta al doble o nada, le viene de perlas todo esto, y ni siquiera el hecho de tratarse de una canción que no sabe cuál es su estribillo (escuchadla y lo entenderéis), o de contar con un puente en el que la cosa se le va un poco de las manos, impide que sea el himno por antonomasia de “Lo Que Aletea En Nuestras Cabezas”: los versos que millones de personas vocearán con los mecheros encendidos bajo la lluvia… si a Robe le da por salir de gira, claro. Que con él nunca se sabe.

Y entonces el disco, lamentablemente, se dispone a finalizar. Lo hace por todo lo alto con “Contra Todos”, temazo donde los haya que quizá pueda llegar a pecar de sobreproducción. ¿Y por qué éste y no los demás del álbum, os preguntaréis? Muy sencillo. “Contra Todos” no es en absoluto una canción inédita; Robe ya la ha tocado en directo varias veces, con muchísima menos ostentación, claro, y lo ha hecho, sí, junto a Extremoduro. Las diferencias entre la banda y el proyecto en solitario de Robe (bañado en la más enrevesada de las ironías) se antojan así aún más inocuas, se difuminan tras un velo de genialidad frente al que sólo importa que Roberto Iniesta es un genio. Sin parangón ni paliativos. Un genio que se ha sacado de la manga un disco para los anales de la historia, dentro del marco de una formidable etapa creativa que comenzó inmejorablemente con “La Ley Innata”, se consolidó con “Material Defectuoso”, y abrazó algo parecido al posmodernismo con “Para Todos Los Públicos”. “Lo Que Aletea En Nuestras Cabezas” es su colofón (o puede que no, y eso es lo mejor de todo). Publique discos bajo la rúbrica de Robe, o Extremoduro, o lo que se le antoje, aquí lo único que importa es que el señor Iniesta no deje nunca de trabajar, y de hacernos sentir dichosos a todos por compartir el siglo XXI con él.


Robe – Lo Que Aletea En Nuestras Cabezas


  • Es un disco que en ningún momento baja el nivel, siempre oscilando entre lo alto, lo más alto, y lo interestelar.
  • La lírica de Robe, si bien descafeinada y carente de tacos, nunca había hecho tantos y tan negligentes malabares con nuestro corazón.
  • Las melodías son tan sencillas, tan puras por debajo del desenfreno orquestal, que se te quedarán en la cabeza al instante. Es probable que para siempre.

  • Sí, vale, la producción abraza tan desenfadadamente el exceso que ciertos arreglos pueden llegar a indigestar.
  • Que ciertos seguidores del músico no vayan a ser capaces de empatizar con la apuesta; supongo que el único remedio para ellos pasará por pensar que Extremoduro y Robe son dos cosas distintas. Si gracias a ello consiguen disfrutarlo, por mí bien.
  • Que Robe lo tiene muy chungo para superar esto.

PÁGINA DE ARTISTA

9.7

Obra maestra, y poco más se puede decir o pedir. Larga vida a Roberto Iniesta, Rey de Extremadura.