BENJAMIN CLEMENTINE

En ocasiones uno se encuentra ante la difícil tarea de valorar discos no excelentes de artistas excelentes. “At Least For Now” de Benjamin Clementine es un ejemplo de ello. Este joven de ascendencia ghanesa se crió en un barrio londinense, una etapa de su vida que asegura fue terriblemente dura. Por algún tipo de conflicto familiar/sentimental decidió abandonar el país tomando el primer vuelo que encontró en una agencia de viajes online. Al día siguiente, cargado únicamente con una mochila, embarcó hacia París. Durante su estancia en la capital francesa estuvo viviendo prácticamente como un vagabundo refugiándose en estaciones de metro y albergues caritativos. Al verse incapaz de realizar cualquier otro trabajo, comenzó a cantar en el metro llegando a reunir el dinero suficiente para comprarse una guitarra que tocaba de oído ya que carecía de formación musical. Uno de esos conciertos suburbanos sirvió para que dos productores franceses decidieran grabarle un EP.

No sabemos cuánto de esta historia que recuerda al típico biopic hollywoodense es cierto. Podría ser todo mentira, pero es absolutamente irrelevante. El talento de Benjamin Clementine no merece vivir a rebufo de una historia de superación que inspire la compasión de todo el mundo, su música es su mejor aval.

Como la mayoría, conocí a Benjamin a finales de 2013 gracias a la viralidad del vídeo de su actuación en el programa británico Later with Jools Holland en el interpretó “Cornerstone”. Aquella conmovedora voz unida a la poco ortodoxa pero intensa manera de tocar el piano y sus pintas de loser hicieron comprender al público que se encontraban delante de un artista diferente. El tema en cuestión lideró la lista de los más compartidos en Spotify la semana siguiente y le valió los halagos de la blogosfera musical internacional y el reconocimiento de artistas como Paul McCartney.

En esto de las reseñas musicales es típico lanzar una lista de nombres en cuanto aparece un artista nuevo, de manera que este queda encasillado desde el primer momento. Ahora podría empezar a hablar (seguramente no pueda evitar hacerlo a lo largo de este artículo) de Nina Simone, Antony & The Johnsons, Edith Piaf, Pavarotti, el soul, el jazz o la chanson francesa. Pero lo cierto es que, aunque al acercarse a “At Least for Now” salten rápidamente a la vista las influencias, no se puede negar la personalidad que encierra cada uno de los tracks del álbum. Clementine se mueve en unas coordenadas muy concretas pero suena y se ve diferente de cualquiera de las estrellas emergentes actuales gracias al sentimiento que impregna a sus canciones en el apartado vocal, rítmico y melódico. El adjetivo que mejor define la música de Clementine es apasionante. “At Least for Now” servirá para demostrar la calidad compositiva e interpretativa de Benjamin, que por momentos se situará a niveles altísimos, atravesando también episodios algo irregulares pero trasmitiendo siempre una gran pasión que hace que no podamos tachar ninguna canción de prescindible. Esta es una de las mayores virtudes del disco, Benjamin es consciente de que tiene una voz diferente y conmovedora y sabe cómo usarla.

[pullquote]Una de las mayores virtudes del disco es que Benjamin es consciente de que tiene una voz diferente y conmovedora y sabe cómo usarla.[/pullquote]

La melodramática “Winston Churchill’s Boy” es lo primero que escuchamos tras pulsar el play. En ella parece que Benjamin habla de los problemas que ha tenido siempre en el ámbito de las relaciones personales y que le hicieron cambiar Londres por París. “Never in the field of human affection… Had so much been given for so few attention”. Como casi todas las piezas del albúm es triste pero potente. “Then I Heard a Bachelor’s Cry” se trata de un tema a piano igual de clásico que el anterior pero interpretado desde una perspectiva algo menos ortodoxa. Atención a la altisonancia y los cambios de ritmo que aparecen una vez rebasados los tres minutos de canción. Llegamos a “London“, una las pistas más destacadas del trabajo, accesible e interesante. Atrapa enseguida, quizá por la perfecta combinación entre lo reconfortante de la balada pop unido al aire bohemio característico del pianista.

Ese cariz bohemio resulta más evidente en “Adios”, otro de los grandes capítulos de “At Least for Now”. En su canción más parisina Benjamin recoge el legado de Nina Simone (lo siento) intercalando su prodigiosa voz con fragmentos de spoken-word. El urgente acompañamiento de piano será interrumpido, con permiso del oyente, para mostrarnos una melodía que le enseñaron los ángeles“. Para mí, uno de los mejores momentos musicales de 2015.

[pullquote]“At Least for Now” servirá para demostrar la calidad compositiva e interpretativa de Benjamin, que por momentos se situará a niveles altísimos, atravesando también episodios algo irregulares pero trasmitiendo siempre una gran pasión.[/pullquote]

St-Clementine-On-Tea-and-Croissants”, su corte más breve y experimental, funciona como una especie de introducción para “Nemesis”, en la que Clementine demuestra que el instrumento más bello para interpretar la música es la voz, que acompaña a su piano en perfecta sincronía en una de sus obras más viscerales. “Whatever you’ve chosen to believe in Darling… Don’t you ever forget to treat others the way you want to be treated”.

En “The People and I” nos encontramos ante una de las canciones más lentas del LP, en la que el piano cederá algo de protagonismo a una elegante sección de cuerda. Hacia el final el tema explotará y veremos a Benjamin desplegar todo el potencial de su voz en los últimos versos. “Quiver a Little” representa otro notable esfuerzo vocal. Clementine volverá a eclipsar casi completamente al piano gracias a sus susurros y su emotiva forma de cantar.

[pullquote]Clementine se mueve en unas coordenadas muy concretas pero suena y se ve diferente de cualquiera de las estrellas emergentes actuales gracias al sentimiento que impregna en sus canciones en el apartado vocal, rítmico y melódico.[/pullquote]

Los momentos que más harán vibrar al oyente vienen de la mano de los dos siguientes temas. “Condolence”, más sofisticada, lleva un gran trabajo a la producción pero lo suficientemente sutil como para que no dejemos de prestar atención a la portentosa voz de Clementine. “I’m sending my condolence“ canta Benjamin. Tú no te has dado cuenta, pero ya te ha atrapado.

A “Cornerstone” ya me referí unos renglones más arriba a tenor de aquella actuación en la televisión británica. Un tema que no necesita del despliegue de medios realizado en el anterior. Benjamin y su piano, eso es suficiente para que todo el plató se quede boquiabierto. La letra, cantada entre risas y sollozos, posee una gran fuerza, pero no es necesario entenderla para enamorarte del londinense. Los últimos tracks de “At Least for Now” pueden dejarnos un poco fríos. Tras el nivel alcanzado por la dupla anterior el bajón cualitativo es demasiado notorio. No es que “Edmonton” o “Mathematics” sean relleno, pero no dejan el mismo sabor de boca que muchas de las piezas anteriores. El balance general es, sin duda, positivo. El disco sirve de presentación (las primeras impresiones son fundamentales) y regala algo diferente a lo ofrecido en el panorama musical actual. Nos quedamos con ganas de repetir y seguir los pasos de este interesante artista.


Benjamin Clementine – At Least For Now


  • Su voz.
  • La originalidad y el sonido bohemio que rodea a todas sus composiciones.
  • Emocionante.

  • Algo irregular como para poder ser considerado ‘un discazo’.

PÁGINA DE ARTISTA

7.5

“At Least for Now”, el debut de un artista sorprendente y elegante, funciona como un diario en el que Clementine irá [email protected] algunos episodios de su vida y mostrándonos su mundo interior.