THE REPLACEMENTS

Tras más de 60 años de rock y unas cuantas décadas de rock alternativo, es de esperar que haya bandas mundialmente reconocidas y otras que han caído tristemente en una especie de olvido. El público es cruel y el reconocimiento es a veces escaso, y álbumes que son auténticas joyas se ven perdidos para siempre en el océano de chaquetas tejanas y botas de cuero emparejadas con camisas de leñador. Este es el caso del “Let It Be” de The Replacements.

En 1984, y con dos discos a sus espaldas, el grupo liderado por Paul Westerberg lanzaba al mercado uno de los hitos de la música alternativa de los años ochenta. Abandonando levemente la hipercombustión heredada del punk de sus dos esfuerzos anteriores, The Replacements consiguen un sonido más trabajado, donde unas guitarras templadas se entremezclan con riffs e ideas propias de álbumes de post-punk, sin abandonar el género por el que el grupo ya está acostumbrado a moverse pero sin limitarse a escribir riffs con letras encima.

Aun así, “Let It Be” no es para nada un álbum cerebral, sino que, al contrario, es puro corazón. En cada una de las canciones, la voz desgarrada de Westerberg cuenta historias que resuenan en las entrañas de cualquier joven atrapado en esa extraña etapa de la vida entre la adolescencia y la vida adulta temprana. Letras de desamor, de torpeza emocional y de incompatibilidad sentimental que martillean los oídos de una generación perdida que busca cualquier clavo ardiente del cual sujetarse.

I Will Dare“, el opener, es un ejemplo perfecto de este nuevo arquetipo de composición del grupo: la pegadiza y alegre línea de guitarra se convierte en el esqueleto de una letra de amor desesperado. El contraste entre ambas consigue crear una sensación de ambivalencia emocional que es inherente a la situación que describe. El trabajo de guitarras es uno de los puntos fuertes de la canción, estableciendo un tejido de armonías, especialmente en el puente, donde todas la líneas melódicas se cruzan en un entramado que prueba ser a la vez impenetrable y envolvente.

Sin embargo, no hay que olvidar que The Replacements es un grupo nacido en el punk-rock, y de eso son prueba absoluta “Favorite Thing“, “We’re Comin’ Out” y “Tommy Gets His Tonsils Out“, apoyadas todas en riffs de guitarra que descansan en una batería incansable y una línea de bajo casi a semis se convierten en tres de las pistas más combustibles de este tercer esfuerzo. Aun así, el grupo no deja caer la parte compositiva de las canciones y escribe dos puentes espectaculares para las dos primeras piezas, en especial el de la segunda, que a ritmo de chasquido de dedos pasa de una advertencia a una amenaza, con Westerberg arrastrando peligrosamente su “One more warning“.

“Tommy Gets His Tonsils Out”, incluso así, funciona de manera diferente dentro del álbum, donde Westerberg explora un trauma infantil con la intención de sumar a la sensación general del álbum entre nostalgia, decadencia y aquello que se ha perdido. La anécdota de la infancia sirve además para imprimir una especie de marca de agua en el resto de las canciones, que se empiezan a contemplar como posibles eventos del pasado.

[pullquote]The Replacements consiguen un sonido más trabajado, donde unas guitarras templadas se entremezclan con riffs e ideas propias de álbumes de post-punk, sin abandonar el género por el que el grupo ya está acostumbrado a moverse pero sin limitarse a escribir riffs con letras encima.[/pullquote]

Y de golpe, “Androgynous“. Sin duda, una de las piezas centrales del álbum, apoyada simplemente en un piano y una batería reducida a unas escobillas construye una bella y simple danza alrededor de una pareja de outcasts que se niegan a restringirse a sus roles de género. Recordemos que a veces The Replacements habían llegado a vestirse con vestidos y tocar bajo el nombre de Jefferson’s Cock, y pocas cosas son tan punk como levantarse por lo que uno cree.

Black Diamond” es una de las decisiones más curiosas del disco. Se trata de una cover de Kiss que está insertada en la mitad exacta del álbum. Separada del resto de composiciones por estilo, letra y temática, sirve como una extraña especie de interlude, que ni siquiera está completo (no debemos olvidarnos de que el tema original dura más de 5 minutos).

En cualquier caso, y contra todo pronóstico, “Black Diamond” funciona de manera perfecta dentro del álbum, sirviendo de pedestal para un auténtico himno de la música alternativa: “Unsatisfied“. Cabalgando sobre una guitarra acústica con un chorus excesivo (uno de los mayores problemas de la producción del álbum) se haya un aullido a la Luna en toda regla. “Unsatisfied” es la perpetua historia humana del querer y no poder, la respuesta a la frustración de la vida moderna que presenta millares de oportunidades pero da tiempo sólo para completar unos pocos objetivos. Aun así, lejos de sonar pretenciosa o excesivamente quejumbrosa, “Unsatisfied” es un tema agridulce en el que las guitarras parecen querer cobijar el sentimiento en lugar de enterrarlo.

Y de la misma manera que un niño se cae para limpiarse las rodillas y ponerse de pie, aparece “Seen Your Video“, un track prácticamente instrumental con un riff bastante clásico que retorna el álbum a la crítica y la contemplación nostálgica de uno mismo a partir del grito de “We don’t wanna know“. No sólo eso, sino que además “Seen Your Video” recupera toda la elección instrumental del álbum, como si de un ‘Previously on…‘ se tratara, preparando al receptor para la segunda mitad.

Y así llega “Gary’s Got A Boner“, la versión adolescente de “Tommy Gets His Tonsils Out”. Esta pierde toda la inocencia que caracterizaba a Tommy pero recupera en todo su esplendor la experiencia traumática que sirve para revivir el pasado y la decadencia de uno mismo. “Sixteen Blue” se apoya en la misma franja de edad para relatar la primera crisis existencial de un joven de dieciséis a ritmo de una balada que podría pertenecer a un joven e inexperto Bruce Springsteen.

En cierta manera se puede decir que el “Let It Be” es prácticamente un díptico, viviendo en un cúmulo de dualidades y similitudes: en la primera mitad se encuentra inocencia, en la segunda impericia; en la primera feliz ignorancia, en la segunda cruda realidad, pero en ambas la sensación de que hay algo fuera de lugar.

Prueba fehaciente de ello es “Answering Machine“, último track del álbum, obra maestra. La curiosa decisión de utilizar una guitarra eléctrica distorsionada despojada de cualquier ayuda que pudieran proporcionar un bajo o una batería resulta en una canción que parece arrancada desde los abismos del despecho, y funciona muy bien. Las palabras de Westerberg (si bien pueden quedar anticuadas a oídos del espectador de nuestro nuevo y brillante siglo XXI) se graban a fuego en el pecho de cualquiera que preste suficiente atención, como una especie de manifiesto ludita primitivo contra todo lo que iba a venir después: “How do you say “I miss you” to an answering machine? How do you say good night to an answering machine? How do you say I’m lonely to an answering machine?“.


The Replacements – Let It Be


  • Cohesión en el conjunto del álbum, unidad temática y un gran trabajo en las letras.
  • Líneas de guitarras complejas y bien delineadas.
  • Innovación acertada en la gran mayoría de casos.

  • Algunos problemas de producción que hacen que se sienta ‘viejo’.

 


PÁGINA DE ARTISTA

9.3

Podemos hablar sobre la no tan ajustada producción del álbum y de la curiosa falta de puntería de la banda a la hora de decidir el master final de las guitarras. También de los correctos voice-overs y de la curiosa dualidad que se establece a través de “Black Diamond”, que ejerce la función de bisagra. Pero es innegable que hay algo especial en “Let It Be”, algo que inspiró a más de un conocido misfit (léase Kurt Cobain o Rivers Cuomo) para gritarle sus problemas a un micrófono, y que esperamos que siga inspirando a muchos más, porque ese mismo es el material del cual está hecho el rock: puro corazón.