MY MORNING JACKET

Sobran dedos en las manos para contar músicos que hayan tenido tanto peso e importancia en la escena del rock americano de los últimas dos décadas como Jim James. Desde el ya lejano y brutalmente emotivo “The Tennessee Fire” la trayectoria de la banda que encabeza, distando mucho de ser perfecta, sí que ha sabido explorar territorios desconocidos y adentrarse en sonidos casi experimentales en su búsqueda de un carácter propio, con más éxito que fracaso.

Hay que tener en cuenta que este disco es, sin duda alguna, uno de los más esperados del año en EEUU. Con un público consolidado y fiel al otro lado del charco (que se lo digan a Stan de American Dad), probablemente no han tenido la repercusión que merecen en nuestro país. My Morning Jacket es un grupo que no ha dejado de innovar a lo largo de su ya dilatada carrera, por lo que había enormes interrogantes desde el momento en el que se anunció este su séptimo álbum, “The Waterfall”. Desde el jam a lo Phish al folk y el country americano, o rozando géneros tan poco ortodoxos como el reggae o el rock progresivo, los de Louisville han tocado prácticamente de todo. Y mayormente bien.

Sin dejar de preguntarnos cómo sonará este disco, por fin toca sumergirse en la cascada. “Believe (Nobody Knows)” es el título del primer track, como si el propio Jim nos dijera “Vosotros creed, que nadie lo sabe”. El tema, sin ser puramente malo (a priori parece complicado que estos tipos hagan música de la que no se pueda aprovechar algo), resulta ser una especie de desvarío pinkfloydiano con un crescendo épico que no acaba de sentar bien.

En una línea similar aunque más moderada, y por tanto más disfrutable, sigue “Compound Fracture”, de nuevo con el uso del teclado como base. Aun así, sigue sin convencer, mal que nos pese. Y le sigue “Like A River”, que se pasa de sutil y avanza por los caminos entre tribales y chill que ya fueron transitados por James en su disco en solitario “Regions of Light and Sound of God”. No funcionan. Afortunadamente ya pasó (casi todo) lo malo y a partir de aquí se remonta el vuelo.

La ruptura y el cambio de ritmo que se produce en la mitad de “In Its Infancy (The Waterfall)” es inequívocamente uno de los grandes (si no el gran) momentos del disco. Uno de las más claras evidencias de que los de Kentucky siguen sabiendo hacer música de primerísima categoría a pesar de su eterna deriva interpretativa.

No se suelen comentar los descartes finales del disco que acaban en la versión deluxe del mismo, pero es que en este caso resulta chocante que ni “Hillside Song” ni “I Can’t Wait” hayan aparecido en el mismo, ya que de haberlo hecho serían probablemente dos de sus mejores tracks. Ambas tienen tono similar a “Get The Point”, que podría habérseles traspapelado desde sus ya pasadas épocas más folk, aunque ésta sí que aparece en la edición final.

Esto ya suena a otra cosa, familiar y conservadora, sí, pero también mejor. Más potente pero de nuevo dejándonos escuchar retazos de lo que solían hacer antes James y los suyos suena “Spring (Among The Living)”. Lo que muestran estas dos últimas pistas es que no se ha perdido ese punto de tranquilo rock sureño que seguro gustará a los fans más antiguos de la banda, y quizá descoloque a los que se acerquen por primera vez al grupo mediante este disco.

Aprovecho el ecuador del trabajo para decir que para apreciar en condiciones este disco, como muchos de su estilo, es más que recomendable escucharlo con cascos o un decente equipo de música, pues no es sólo que se oiga mejor sino que de no hacerlo uno se pierde la mitad de los matices y los bajos y ritmos groove tan disfrutables (no es postureo sino consejo, de fan a fan).

Thin Line” se convierte en una satisfactoria transición entre ese estilo propio de My Morning Jacket y su nuevo gusto por el rollo (semi)-psicodélico. Pasa sin pena ni gloria, pero lo cierto es que cuando uno se para a pensar las alturas a las que están My Morning Jacket y sabiendo de lo que son capaces, para este conjunto no debería ser suficiente ir a por el cinco.

A continuación aparece en escena el que fue el primer single liberado allá por marzo. “Big Decisions” es una canción decente, pero que chirría. Chirría porque My Morning Jacket jamás se ha dedicado precisamente a hacer himnos de estadio como éste, y aunque cada uno es libre de innovar, también es una virtud a menudo menospreciada el saber lo que uno sabe y puede tocar, y lo que no le pega ni con cola de contacto. El caso es que crear una atmósfera en cierto modo épica y emocional siempre ha sido una seña de identidad del grupo, pero no de un modo tan descarado, casi más propio de una balada de Scorpions.

Tropics (Erase Traces)” (no sabemos qué les ha dado esta vez con los paréntesis en los títulos de las canciones) parece perfilarse de primeras como una simple transición de cara al final del disco, pero tras varias escuchas gana en peso y a posteriori se confirma como una de las composiciones más positivas del mismo. Rock clásico y puro sin las grandes ambiciones de las que peca buena parte de este álbum.

Lo siento mucho, pero el que escribe estas líneas es de la opinión de que para pasar de los cinco minutos en una canción ya puede ser bueno lo que tengas que tocar. Aun con ese pero, “Only Memories Remain” se erige como una acertada elección para cerrar el trabajo, tanto por sus letras (“Our earthly bodies will surely fall, but the love we share outlives us all”) como por su ritmo ralentizado, y nos deja un regusto agradable con el que esperar lo próximo de Jim James y compañía.


My Morning Jacket – The Waterfall


  • La finísima producción de Tucker Martine (Sufjan Stevens, Decemberists) es impecable y destaca incluso a los oídos de un profano.
  • Un comienzo de álbum algo endeble pero que va cobrando fuerza a medida que pasan los minutos.

  • Poco, muy poco, queda del Alt Country de sus orígenes, en un disco más cercano al prog que al folk.
  • No suele resultar sencillo pillarle el truco de primeras al sonido casi etéreo y místico de la banda y de la voz de James. Pero merece la pena.

PÁGINA DE ARTISTA

6.7

Séptimo largo de My Morning Jacket, una de las bandas alternativas más destacadas de la pasada década que cumple sobradamente a la hora de revisar sus grandes virtudes pero falla al meterse en cenagales más experimentales.