THE BLACK KEYS

Con una carrera musical que se extiende durante más de 15 años y habiendo sido cabezas de cartel en más de un festival de renombre (recordemos Coachella, Lollapalooza y Osheaga 2012 y el más reciente Primavera Sound 2015), The Black Keys se han establecido como una de las bandas más exitosas del revival del garage-rock de la década del 2000. Sin embargo, parecen vivir a la eterna sombra de dos gigantes como son The Strokes y The White Stripes y son a veces menospreciados cuando comparten tamaño de letra en el cartel de un evento.

Quizás no sean suficientes los riffs distorsionados de Auerbach y la implacable caja de Carney, los coros pegadizos y la producción ajustadísima de The Black Keys como para levantar un festival de gran envergadura, de la misma manera que un servidor considera que no son puntos fuertes suficientemente bien aprovechados en la empresa de levantar “El Camino”, su séptimo esfuerzo.

El álbum se dispara con el poderoso riff de “Lonely Boy”, coronado con un bonito dive-bomb, un pequeño y acertado artilugio que convierte una línea común y corriente en una pieza musical que queda incrustada en la base del cráneo de quien sea que la escuche. A esta pieza le sigue, sin pena ni gloria, “Dead and Gone“, que si bien no es un desacierto completo gracias a su impertinente línea de bajo, sí que prefigura la rápida caída en picado de “El Camino”.

Pero a “El Camino” todavía le quedan un par de minutos de gloria, los cuales vienen de la mano de “Gold on the Ceiling”, una de las únicas canciones del disco en que la línea de la guitarra principal no se corresponde con la de la voz. A base de silencios y golpes calculados, el dúo consigue una melodía hecha completamente para bailar (y sonar en cualquier DJ Set que tenga la más leve pretensión de considerarse ‘alternativo’). A esta combustión certera le agregamos un casi operaico aullido de Auerbach y tenemos lo que fácilmente podemos considerar como la mejor pieza del álbum.

Pero luego llega el otro lado de la contienda, “Little Black Submarines”, el único track que podemos destacar por su instrumentación, que es levemente diferente a la del resto del álbum, con su guitarra acústicas y el teclado sonando a espaldas de esta. Hubo quien en su momento habló de la innovación de la pieza por el súbito cambio de ritmo y de tono en la composición, pero para estar de acuerdo tendríamos que pasar por encima de temas como el legendario “Behind Blue Eyes” de The Who.

Y a partir de ahí, todo va a peor.

“El Camino” no deja de ser casi en ningún momento un álbum sobreproducido y yo no puedo dejar de imaginarme a Auerbach acercándose a Danger Mouse y diciéndole: “Queremos que todo el álbum suene igual”. El sonido que le es tan característico al conjunto de blues-rock parece repetirse tema tras tema, como quien come arroz solo todos los días, pero carece de la fuerza desgarrada de anteriores trabajos, como por ejemplo “Thickfreakness”. Las guitarras distorsionadas parecen al mismo tiempo totalmente castradas, y aún así esto funcionaría bien si no fuese porque todo el disco parece compartir esta falta de pasión, de blues, por así decirlo. La voz puramente melódica de Auerbach y los sintetizadores cristalinos no ofrecen contraste alguno con esta guitarra y parece que la presencia más conciliadora en este tema se encuentre propulsada a medias (y con cierta timidez) por parte del piano y del bajo y de los golpes más crudos de una batería que también comparte la misma tónica reprimida que el álbum.

No contentos con esto, The Black Keys presentan en “El Camino” una gran cantidad de ‘filler’, es decir, piezas sin nada nuevo que contar que se sirven de las mismas estructuras de siempre por miedo a un cambio o un intento de expandirse a territorio no explorado. La repetición de ideas es tal que incluso podríamos considerar “Hell of a Season” una especie de reprise del primer corte del disco. La consecuencia más directa de ello es que escuchar el álbum una vez sienta como si se hubiera escuchado 11 veces.

Aun así, es innegable que The Black Keys es un grupo potente y que la pareja compositiva Auerbach-Carney no deja de arrancar un par de melodías de esas que bailan en la cabeza de uno durante días. No hablamos únicamente del single, sino también de momentos como el estribillo de “Nova Baby” o la introducción de un no tan mediocre closer como es “Mind Eraser”.

Habiendo atacado tan directamente a la producción del álbum, es necesario comentar que ciertas ideas por parte de Danger Mouse son más que acertadas, como por ejemplo los coros de voces blancas y femeninas y el sintetizador casi imperceptible que ayuda a reforzar algunos de los acompañamientos.

El problema real del álbum es, entonces, que las ideas más brillantes se ven opacadas por el resto de canciones de un CD que no está a la altura de las capacidades del grupo, aunque sea un álbum laureado por la calidad de unos singles que contribuyen enormemente a que no caiga en la más absoluta miseria.


The Black Keys – El Camino


  • Un arsenal de temas individuales que garantizan que las melodías circulen una y otra vez por la cabeza de aquel que lo escucha.

  • Las elevadas cantidades de relleno.
  • La sobreproducción de la gran mayoría de canciones.

PÁGINA DE ARTISTA

6.5

The Black Keys consiguen hacer con “El Camino” un LP hecho para las masas, idea a la que ya apuntaba “Brothers”, su álbum anterior, pero fracasan en crear un álbum que resulte interesante de principio a fin en beneficio de un arquetipo de álbum con unos pocos y dispersos momentos brillantes.