A raíz del nuevo LP de The Sonics hablamos de lo habituales que son en nuestros días los regresos de ciertas bandas. La que hoy nos ocupa protagoniza sin duda el regreso más esperado del 2015. “The Magic Whip” es el primer trabajo de Blur desde 2003, el primero con sus cuatro miembros originales en 16 años.

Esta noticia tiene más de inesperado de lo que pudiera parecer. Y es que la banda ha seguido apareciendo esporádicamente en vivo desde 2009 en aquellos míticos conciertos en Hyde Park, que volverían a visitar en 2012 con motivo de los JJOO de Londres, además de la presentación de un par de temas nuevos en el Record Store Day y el lanzamiento del directo “Parklive”.

Durante todo ese tiempo los rumores sobre el regreso definitivo de la banda fueron constantes y alcanzaron su punto álgido con la gira mundial del año 2013 que les hizo pasar por nuestro país con motivo de la celebración del Primavera Sound. Pero cinco años de rumores son demasiados como para que los fans conserven la fe, de manera que la publicación en 2014 del disco en solitario de Damon Albarn y el anuncio a principios de año de un nuevo trabajo de Gorillaz borraron las esperanzas de casi todo el mundo de volver a ver un nuevo trabajo discográfico de Blur en un horizonte cercano.

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Parecía que los problemas de convivencia habían desparecido, Graham Coxon y Damon Albarn hicieron las paces, pero uno de los principales hándicaps era disponer del tiempo necesario para crear un nuevo disco. Además de la gira, los británicos debían responder a sus obligaciones laborales (James es empresario y Rowntree ejerce la abogacía) y otros compromisos musicales. Tiempo libre fue lo que encontraron tras la cancelación del Tokyo Rocks 2013 y lo aprovecharon para meterse en un estudio en Hong Kong y grabar unas cuantas jam sessions durante los cinco días que estuvieron en la urbe asiática. A los fans nos llegó la noticia, pero se nos pedía que no nos hiciéramos demasiadas ilusiones, pues se trataba de una serie de pistas inacabadas que difícilmente desembocarían en un disco de estudio.

Resulta que a Graham Coxon aquello le pareció bastante divertido e interesante, con lo que decidió revisar todo el material nacido durante aquellos días encerrados en los Avon Studios. Para ello contó con la ayuda de Stephen Street (productor de algunos de sus anteriores trabajos) mientras que Albarn, inmerso en la presentación de “Everyday Robots”, regrababa algunas partes vocales que enviaba a Coxon. La labor de este último ha sido fundamental no sólo para que el disco saliera adelante, sino para que éste no se convirtiera en una especie de colección de rarezas e ideas inconclusas. El principal valor añadido de “The Magic Whip” no se encuentra en la innovación ni en la frescura de sus ideas, sino en el soberbio trabajo de producción que llena de matices y complejas texturas las canciones que contiene.

Vuelve a leer la última frase. ¿Crees que podría pertenecer a una reseña sobre un grupo de britpop? La respuesta es no, porque Blur no tocan britpop. Y aquí es cuando aprovecho para meterme con la competencia, aquellos que ponen la nota sin escuchar el disco y llenan sus críticas de la palabra ‘britpop’. Blur siempre se han sentido incómodos dentro de una determinada etiqueta estilística y eso es algo especialmente notable a partir de 1997 cuando empiezan a dejar progresivamente de lado la tradición guitarrera de grupos como The Kinks y se acercan a la creación de atmósferas típicas de Radiohead y el uso de elementos noise y lo-fi del indie americano de los últimos años ochenta. En “The Magic Whip” encontramos una mezcla de esos Blur más poperos junto con su faceta más alternativa, reflexiva y ambiciosa.

“Todos hemos disfrutado mucho. Pero ya ha terminado, en principio”. Damon Albarn, tras la última gira del grupo
“Todos hemos disfrutado. Pero ya ha terminado, en principio”. Albarn, tras la última gira del grupo

Es ecléctico, sí, pero no da señas de esa capacidad de reinventarse que ha demostrado Blur a lo largo de su carrera.

Esto hace que no podamos situarlo en una fecha concreta dentro de la discografía del grupo ni tampoco afirmar que se haya llevado a cabo una evolución artística. Es ecléctico, sí, pero no da señas de esa capacidad de reinventarse que ha demostrado Blur a lo largo de su carrera. Lo primero que llama la atención en “The Magic Whip” es su horrenda portada, los londinenses quieren dejar bien claro que este disco es diferente porque se ha grabado en Hong Kong. Esta ambientación geográfica ha sido reivindicada por la banda no sólo en su portada, sino en todas sus entrevistas, videoclips y actos promocionales. Un servidor no logra localizar en el elepé ese concepto ‘asiático’ que sólo aparecerá de manera forzada y poco nítida en contadas ocasiones. Es una pena que un disco tan ‘improvisado’ en su concepción quiera seguir un camino tan fingido y artificial.

Es Blur respondiendo a un entorno específico. La inspiración nos ha pillado en Asia esta vez y no en Londres, todo el disco suena muy urbano y no ha supuesto casi ningún esfuerzo ya que no sabíamos que estábamos haciendo un disco”.

Lonesome Street”, la encargada de poner el punto de partida a esta publicación, juega al despiste y puede hacer creer a más de uno que nos encontramos ante los Blur de “Parklife”, ya que inmediatamente aparecerá la fantástica guitarra de Coxon que situará a los más nostálgicos en 1994. Uno de los temas más poperos de esta colección que sigue la estela de la mejor música británica del siglo pasado.

El principal valor añadido de “The Magic Whip” no se encuentra en la innovación ni en la frescura de sus ideas, sino en el soberbio trabajo de producción que llena de matices y complejas texturas las canciones que contiene.

New Word Towers”, da un giro de 180 grados al asunto y se sitúa en las coordenadas de “13”, un track más maduro en el que (haciendo un esfuerzo) podemos apreciar cierta influencia asiática en la cadencia rítmica. “Go Out”, el primer sencillo promocional, confirma la sensación de montaña rusa emocional presente en el arranque del disco. La canción, que se inicia con una pomposa línea de bajo a manos de Alex James, es una de las más accesibles de “The Magic Whip” en la que Coxon enfrentará esa alegría tontorrona con la oscuridad que brota de su efectista guitarra. El tema realmente engancha, pero resulta incapaz de resistir la más mínima comparación con cualquier éxito pretérito de la banda. Ocurre algo similar en “I Broadcast”, que es directo y va al grano. El mástil de Coxon cargará con gran parte del peso de este tema que da muestras de aquella energía juvenil que poseía el grupo hace veinte años, especialmente en sus presentaciones en vivo.

Ice Cream Man” y “Thought I Was A Spaceman” se mueven en parámetros parecidos, presentan melodías sofisticadas apoyadas por recursos electrónicos y una guitarra acústica que traen a la memoria el último trabajo de Albarn en solitario. Si tuviera que elegir una me quedaría con la segunda, mucho más abstracta. Se trata, además, del track de mayor duración alcanzando unos hipnóticos seis minutos y dicesiete segundos en los que la banda se mira en el David Bowie de 1977.

En “The Magic Whip” encontramos una mezcla de esos Blur más poperos junto con su faceta más alternativa, reflexiva y ambiciosa.

Pyongyang” y “My Terracota Heart exploran la vertiente más introspectiva de los de Albarn. Con una melodía delicada pero no tan esotérica como los dos anteriores, podrían ser la evolución natural de la banda tras “Think Tank”. “I’m running out of heart here… Just sitting out the constant doubt in my head… But I don’t know what it is… I’m sweating out the toxins”. El equilibrio entre la faceta accesible y la más seria se alcanza en “There Are Too Many of Us”, cuyo título hace alusión al problema de la superpoblación en la Tierra. En lo musical se erige como una de las piezas más interesantes de “The Magic Whip”, utilizando una batería que parece seguir una marcha militar y unos violines que acompañan a un lacónico Albarn que recita unos versos llenos de aforismos.

De los temas desenfadados presentes en este disco “Ghost Ship” podría ser el más redondo. Tiene un aire surfero muy agradable y no obliga a unos Blur ya bien entrados en los cuarenta a ponerse el disfraz de teenagers. Ese es uno de los problemas de querer hacer pop tontorrón a cierta edad, me refiero a canciones como “Ong Ong” que se entenderían mejor en “Leisure” que a estas alturas. En “Mirrorball”, que cierra el álbum, parece que Graham Coxon se ha puesto a los mandos, y se agradece. Con sus altisonantes arpegios nos despedimos de Blur, no sabemos si definitivamente.

Después de ingerir y digerir bien el LP podemos decir que cumple pero no sorprende. El concepto del álbum no queda del todo claro, una mala noticia para un grupo que había redondeado cada vez más su discos alejándose de la búsqueda de los singles perfectos (sin renunciar a ellos) y convirtiéndose en una banda ‘más de discos que de canciones’. La falta de equilibrio y la ausencia de hits no han impedido que “The Magic Whip” se convierta en todo un acontecimiento y la excusa perfecta para acudir a uno de sus conciertos en los que no faltarán sus grandes éxitos.

Blur – The Magic Whip

BLUR

6.6

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En su octavo disco Blur se mueven con desigual acierto entre 1991 y 1999 sirviéndose además de la experiencia adquirida por sus miembros a lo largo de su andadura musical en el siglo XXI.

Up

  • La incorporación de la experiencia de Coxon y Albarn.
  • La cuidada producción del disco.

Down

  • Irregularidad.
  • Falta algún single capaz de mirar a los ojos a sus hits del pasado.
  • El hype.

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