Un artículo tan tendencioso y malintencionado como el que sigue habría de ser forzosamente justificado; a ser posible, con una apocada excusa que tranquilice al siempre hipotético lector con la salmodia de “a veeer, que los Beatles no tienen canciones malas, sólo es por hacer un poco el indio”. No voy a negar que tenga ganas de lo último, pero sí me opondré con vehemencia a eso de que los Beatles no tengan canciones malas.

¿Qué pasa, que ser los Beatles les exime de los patinazos, de las idas de olla, de ser humanos? La banda británica se tiró la década de los sesenta componiendo sin parar, a un ritmo frenético, publicando discos como churros y experimentando, llegados a un punto, sin medida ni colofón.

theyre-gonna-crucify-me-algunos-horrores-perpetrados-por-the-beatles-2Forzosamente, entre todas las canciones paridas alguna tendría que haber que fuera normalita, o en un día tonto hasta mediocre, o incluso, en el peor de los casos, una insoportable, de ésas que es doloroso escuchar más de una vez, y de las que no te puedes creer que alguno de los Fab Four haya sido el artífice.

Estos tropezones existen, en efecto, y es mi trabajo (y mi malsano placer) reseñarlos a continuación, dejando de lado consideraciones paternalistas o condicionadas por eso de que sean los Beatles y por tanto intocables o, en el otro extremo, porque sean los guiris aquellos que hacían pop para nenas y nada más. Ni lo uno ni lo otro, aunque me atrevería a decir que porquerías como estas son las que hacen a los Beatles una banda tan excepcional, en todos los sentidos. Encaucémoslas, por tanto, de la más soportable a la más horripilante, y antes de nada advierto de que no; en el listado que sigue no figura ninguna canción compuesta por o cantada por Ringo Starr. No por nada, sino porque no hay tipo más guay y más majo que Ringo Starr, y los que no lo saben y lo desprecian sólo son unos envidiosos. Y esto es así.

10 | The Long And Winding Road

Supongo que al colocar esta canción en esta lista habré perdido instantáneamente a cualquier lector medianamente sensible. No le culparía, pues, ¿cómo se me ocurre pensar que esta pieza hermosísima, emotiva y maravillosérrima es una de las peores de los Beatles? Pues, aparte de porque es una formidable cursilada, la producción de Phil Spector es terrible. Y no lo digo yo, lo dice el propio McCartney, responsable de la composición. Dentro de la versión incluida en “Let It Be” se mezclaron 18 violines, 4 violas, 4 chelos, 2 guitarras, 3 trombones, 3 trompetas y un coro de 14 mujeres. Lo que se dice un sindiós, y uno de los motivos por los que Paul McCartney, cabreado como una mona, decidiera precipitar la separación del grupo. Sí, “The Long and Winding Road” tiene parte de la culpa de que los Beatles se separaran. ¿Cómo os quedáis? ¿Es para cogerla manía o no? En su descargo, he de decir que la versión original de la canción, publicada en “Let It Be Naked”, es algo más digerible, dentro de su sencillez formal y su modestia. Pero en lo que la buscáis, ¿qué mejor que experimentar una peligrosa y fulminante subida de los niveles de azúcar con la publicación original?

9 | Good Morning, Good Morning

Localizada en el sacrosanto y (sí, utilizaré esa palabra una sola vez) para muchos sobrevalorado “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, esta canción se le ocurrió a John Lennon mientras veía un anuncio de cereales, y tan rupestre inspiración daría lugar a una de los cortes más estridentes y fallidos de los Beatles. No cabe duda de que tiene sus aciertos (limitados en su mayoría a la pista de saxofón, que es contundente y divertida), pero éstos son asfixiados sin piedad por una producción que no discrimina absolutamente ningún tipo de chorrada que a los chavales, cieguísimos de LSD, les dé por meter. Así que venga, incluyamos sonidos de animales, coros desquiciados, solos de guitarra distorsionadísimos que no pegan ni con cola, y hagamos historia. ¡Ah! Y dejemos a Ringo Starr probar a meter doble bombo, que dijo que le hacía ilusión. En definitiva, el mejor tono posible para ponérselo de despertador y cometer en lo sucesivo algún tipo de asesinato múltiple. Cosa, por lo demás, que no es tan rara viniendo de una canción Beatle, o que le pregunten a Charles Manson.

8 | Dear Prudence

Dentro de esta simpática lista no tienen sólo que figurar temas impepinablemente malos, también es suficiente con que, aun contando con interesantes melodías, éstos resulten soporíferos. Es el caso de la canción que nos ocupa, que muchos pueden llegar a considerar emotiva, evocadora o incluso audible, pero que en mi opinión adolece de unos arreglos terriblemente rutinarios (todos dentro de la nota Re), de un estribillo sin fuerza, y de que sea Paul McCartney y no Ringo quien está al cargo de las baquetas. Aparte, está el hecho de que fuera compuesta para Prudence Farrow con la intención de animarla a salir de su habitación (tanto los Beatles como ella asistían a un curso organizado para el Maharishi sobre cómo escribir canciones aburridas) durante una tarde tonta que tuvo en la India. Y no creo que la estrategia funcionara, la verdad, a no ser que la pequeña Prudence saliera de su cuarto sólo para mandar callar a John Lennon, máximo artífice del artilugio. Una historia bonita en cualquier caso, salvo por el hecho de que la protagonista sea hermana de Mia Farrow, que es un petardo. Justo como “Dear Prudence”.

7 | Blue Jay Way

Cuentan que George Harrison compuso esta canción para mantenerse despierto mientras esperaba a un colega que se había perdido yendo hacia su casa de Los Angeles por la calle Blue Jay. Lo cierto es que el origen deviene contradictorio, porque es notoriamente difícil escuchar estos larguísimos tres minutos y algo sin quedarse frito, tal es la atmósfera narcótica y recargada que transmiten. Por lo demás, un tema típicamente experimental de George Harrison, con muchos juegos de voces, instrumentación equívoca (Ringo Starr parece que tampoco lo ha podido soportar más y está roncando sobre la batería), y un absoluto desinterés por gustar a alguien que no sea al ilustre señor Harrison. En el videoclip al menos sale Ringo haciendo como que toca el chelo, y es adorable.

6 | Wild Honey Pie

Dicha ‘canción’ sólo podría ser considerada como tal mediante un acto de fe. No sólo es la brevísima duración, la letra de coña o el hecho de que parezca formar parte, como una introducción tróspida, de la infinitamente superior “The Continuing Story of Bungalow Bill” (que la sigue en el “White Album”), sino también está que, jo, tiene delito que con estas características la canción se haga larga. No hay melodía, no hay contenido, no hay broma subyacente; no hay nada de nada. Y no debemos agradecerle el regalito a su compositor, Paul McCartney (ni siquiera tenía intención de meterla en el “White Album”) sino a la pizpireta Pattie Boyd, mujer de George Harrison que inspiró canciones como “Something” o, cuando Eric Clapton le estaba haciendo la corte, “Layla”. Dos de las piezas más hermosas de la historia del rock que sin duda palidecen ante estas vocecillas irritantes repitiendo “Honey Pie” una y otra vez. En fin.

5 | Dig It

Otra de esas canciones anecdóticas que, al no tener maldita gracia, los cuatro de Liverpool se podrían haber ahorrado incluir en el álbum de turno. En el caso de esta, que supuestamente es una sátira de los Rolling Stones con Lennon imitando la manera de cantar de Mick Jagger, lo curioso es que la versión incluida en “Let It Be”, aun siendo bastante chufa, es sólo la punta del iceberg. Los 49 segundos del álbum, en los que ya da tiempo de por sí a decir bastantes tonterías (como repetidamente la frase “Like a Rolling Stone”, vete tú a saber por qué), estaban extraídos de una jam session que llegó a durar 12 minutos y de la cual lo más reseñable es que… bueno, se pronuncia “Dig It” muchas veces. Muchísimas veces. Durante muchísimo tiempo. Pongo por aquí una de las versiones largas para echarnos unas risas.

4 | You Know My Name (Look Up The Number)

Nos acercamos a la cumbre (o a lo más bajo, como se quiera considerar) de este infausto catálogo con otro tema hecho con cachondeo y buen humor, de los cuales no se logra, sin embargo, transmitir ni una pizca al acongojado oyente. La frase del título se repite constantemente sobre una base pianística (que podría haber sido mucho mejor aprovechada) y, al igual que ocurría con “Dig It”, resulta que la canción no se acaba nunca. Al menos, eso sí, en ésta se trata de vez en cuando de variar el ritmo, y se escucha a los Beatles hablar entre ellos de sus cosillas, amén de otro tipo de voces, de sonidos bromistas y demás parafernalia. Salió en la Cara B, por cierto, del single donde estaba “Let It Be”, lo que demostraba que, a estas alturas, los compadres ya no tenían nada que perder.

3 | Within You Without You

Otra canción raruna por obra y gracia de George Harrison, en la que el sitar que se empeñaba en aprender a tocar pesara a quien pesara tiene un papel preponderante. Al margen de que a alguien pueda tolerar el sonido de este instrumento hindú (en lo que a mí respecta, hubiera preferido que Harrison se decantara por la zambomba), esta pieza es plomiza, enervante, la voz del Beatle silencioso suena más melosa que nunca, hasta rozar lo desagradable, y por lo general carece de la atractiva melodía o enjundia de otros temas cortados por un patrón similar, como “The Inner Light” o “Love You To”. En esas otras canciones coló. En “Within You Without You”, no.

2 | The Ballad Of John And Yoko

Esta canción tiene una melodía estupenda y una letra ocurrente. Los arreglos de guitarra eléctrica y piano son memorables. La producción, con el diálogo velado entre Lennon y McCartney, es exquisita. De hecho, “The Ballad Of John And Yoko” es una gran canción. ¿Por qué aparece aquí, entonces? No hay más que leer el título. Es una canción por y para Yoko Ono, quien siempre será, por mucho que los implicados quieran matizarlo, la asiática hipster que lo fastidió todo. Ningún beatlemaníaco de pro puede amar esta canción, así de sencillo. Y encima, en esta tampoco toca Ringo.

1 | Revolution 9

Supongo que no es muy original que esta cosa encabece el ránking, y que puestos a escandalizar podría haber elegido alguna otra canción canónica que no soportara. Sin embargo, he rendirme a la evidencia. “Revolution 9” no es sólo asquerosa, sino también perversa, egoísta, autocomplaciente, y desde luego, a diferencia del resto de canciones reseñadas, es imposible terminar de escucharla sin sufrir daños irreparables a nivel psíquico. John Lennon se debió de quedar pero bien a gusto con esta joyita y, al margen de que quisiera expresar algo que nadie más (salvo él y Yoko, claro) sabría reconocer, es indudable que podría haberlo intentando de otro modo menos mortífero. Digo yo, bajo mi humilde criterio y mi máxima de respetar con cautela casi cualquier música. Lo único que claro, “Revolution 9” no es música. Es otra cosa. Algo más profundo, menos tangible, más abstracto, que a menos que sufra un brote psicótico seguiré considerando como pura y dura porquería.

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