THE WOMBATS

Cuatro años después del enérgico “A Guide to Love, Loss & Desperation”, el trío de Liverpool encabezado por Matthew Murphy presentan su segundo álbum “This Modern Glitch” con el mismo orgullo que el primero, remarcando desde el título quienes son y qué ofrecen. Demuestran una vez más que lo que estamos a punto de escuchar es un trabajo singular, que les ilusiona, su representación verdadera como banda.

Se suele decir que el segundo álbum de un grupo es el que marca la personalidad propia de la banda, alejándolos de las presentaciones, requisitos discográficos y del ‘deja que me crea que soy músico’. Ya no tienen que demostrar nada ni a ellos mismos ni a nadie, por lo tanto poseen libertad para abrirse las prendas y enseñarnos su cara más personal y sincera.

The Wombats no parecen muy arrepentidos de su primer trabajo, puesto que este segundo es una continuación, casi como un discípulo de aquel primer disco. “This Modern Glitch” es el fruto de la semilla que plantaron, por lo que tiene algunos valores añadidos como el uso activo de los sintetizadores, que han pasado del acompañamiento a la proporción de un tempo más alegre y frenético, con lo que van a hacernos palpitar sólo con la base eléctrica, sin esperar al torbellino de guitarras y batería de los estribillos.

[pullquote]En “This Modern Glitch” se observa que los sintetizadores han pasado del acompañamiento a la proporción de un tempo más alegre y frenético, con lo que van a hacernos palpitar sólo con la base eléctrica, sin esperar al torbellino de guitarras y batería de los estribillos.[/pullquote]

Llegados a este punto nos preguntamos, ¿qué ha cambiado respecto al primer disco? Pues que Murphy ha tenido un mal trago amoroso, un accidente en coche y ha necesitado antidepresivos para poder mirar al Sol de nuevo. La paradoja tras esta historia está en que las secuelas sean tan bailables. Pero ese es el espíritu de The Wombats, sin ánimos de tomarse en serio ni a ellos mismos ni a la vida en general; recordemos la frase culminante de su anterior hit “Let’s Dance To Joy Division” (“And celebrate the irony, everything is going wrong, but were so happy“). Nada de eso se va a perder por el camino, al contrario, por lo que podemos sentarnos y disfrutar de las ironías, los dramas y la locura en este nuevo trabajo que iremos desgranando. Atención a la introducción del disco con “Our Perfect Disease”, atención porque la contradicción esta vez está en primera persona del plural, interpela al público que se sintió identificado con las letras de los primeros temas y que siguen celebrando la ironía. Toda una declaración de intenciones que evidencia que no habrá tregua para el descanso, que nuestras penas van a ser bailadas una vez más, y así es. La canción empieza con la voz de repente, acompaña el sintetizador de fondo que marcará la base de toda la historia, entran batería y guitarra, pero con timidez, se van acercando poco a poco hasta que todo estalla. The Wombats descargan adrenalina para explicarnos una dependencia que enloquece, la perfecta obsesión (esperemos) amorosa.

El huracán está desatado y con una fórmula muy similar llega “Tokyo (Vampires and Wolves)”, y se demuestra que la banda está en su zona de confort con tal sobredosis de energía. A diferencia de su predecesora, en este tema tienden a alargar las notas de la base eléctrica con lo que consiguen la sensación de un permanente coreo de la voz.

Es con “Jump Into The Fog” cuando podemos tomar un pequeño respiro y ¿degustar? una letra suicida y macabra. El sintetizador repite incansable una misma estructura por lo que denota una más bien escasa sofisticación técnica que se combina con la repetición de las mismas notas por parte de casi todos los instrumentos, con una pequeña variación en la clausura. Esta abundante repetición se usa en los casi todos los demás temas, pero es en este cuando queda en evidencia, y eso nos distancia de la sorpresa, también debido a su ausencia de éxtasis. Para evitar el aburrimiento aparece como un salvavidas uno de los mejores temas del disco, “Anti-D”. Debido a su falta de subidones, se fusiona muy buen con “Jump Into The Fog” aunque su mensaje es mucho más profundo. En esta canción The Wombats se atreven a probar con el sonido virtual de instrumentos de cuerda que se van desvaneciendo para fusionarse perfectamente con las melodías instrumentales habituales. La musicalidad va de lo solitario a lo conjunto, al coro. Parece una metáfora del carácter de Matt: de sus neuras hacia al analgésico que le proporcionan los demás miembros del grupo.

“Anti-D” es el tema más singular del disco, diferenciándose del fondo discográfico de la banda dando un toque más personal y épico al conjunto, lo que lleva a convertirla en un himno de la formación. Además se trata de una canción muy introspectiva en la que el cantante habla de su depresión y de la frustración de sus sueños en la vida diaria. Un tema muy recurrente en sus composiciones pero en el que aquí se hace un hincapié especial.

Repentinamente cae “Last Night I Dreamt…”, la que podría ser perfectamente continuadora de “Jump Into The Fog” pero que en este contexto funciona como recuperación del ritmo tras “Anti-D” para volver a ponernos los zapatos de baile. Este corte es también un puente que nos lleva a la única canción del álbum producida solamente por The Wombats: “Techno Fan”, una declaración de pragmatismo musical en toda regla. En ella Matt vuelve a su humor habitual (“We use our penguin costumes more than our evening dress“) para recordarnos que hay motivos para vivir y no amargarse, que todo sitio es bueno para pasar un buen rato aunque las condiciones parezcan hostiles. Regresa el preciado subidón con la energía y la voluntad de hacernos saltar, de recuperarnos.

Quizá estamos en el mejor momento del disco y hay que disfrutarlo antes de que nos invada la nostalgia que acecha en el siguiente tema, “1996”, un homenaje a los 90 y a su adolescencia despreocupada. La pieza dialoga con “Anti-D” pero la lejanía entre ambas hace que el disco no tenga un bajón emocional muy directo, simplemente se aleja del éxtasis pero no de las ganas de pasarlo bien como demuestra el simpático final en el que oímos a los miembros del grupo reír exhaustos tras grabar la canción.

Seguidamente aparece “Walking Disasters“, una nueva proclamación del irremediable caos vital. En este punto debemos darnos cuenta del rumbo retrospectivo que hace el álbum, por lo cual se rebaja el tempo y las letras evocan más imágenes del pasado. El vínculo entre las dos canciones anteriores y “Girls/Fast Cars” se establece con tan solo leer la letra, aunque también guardan muchas similitudes a niveles sonoros y rítmicos. Esta última parece ser una revolución de la testosterona para criticar al ‘hombre-macho’ que probablemente se esperaba que fuese Murphy. Mucho más enérgica que las demás, abre la puerta al irónico final de la placa ya que si por una parte en “Girls/Fast Cars” se critica el fanatismo automovilístico el siguiente tema lleva por título “Schumacher The Champagne”, una graciosa pullita que acompaña a una letra sobre la decadencia del cantante con el paso del tiempo, los malos hábitos y, cómo no, la depresión que lo llevó al borde de la destrucción física y mental.

La sonoridad de la canción acompaña al discurso con unos sintetizadores más graves y pesados, asfixiados tras tanta fiesta al igual que la guitarra que suena mucho más garage y arrastrada. La canción cierra el disco ofreciendo un pequeño apéndice: una corta y enigmática versión más bien psicodélica de “Tokyo (Vampires And Wolves)”, que se acerca bastante al ensayo sonoro y no al pop, desubicando al oyente por completo, pero llevándolo de nuevo al inicio del tracklist para volver a disfrutar de los desajustes vitales irremediables.

En líneas generales The Wombats han vuelto a hacer honor a su marca, regalándonos sádicos motivos con los que bailar en la oscuridad. Su festiva mezcla de post-punk y techno-pop hacen que el grupo sea fácilmente avistado en las listas de hits del panorama indie mundial, convirtiéndolos en uno de esos grupos de fácil conocer y degustar. Sin embargo, profundizando en sus composiciones encontramos una capa lírica muy interesante que da un marcado contraste con la melodía, convirtiéndolos en un grupo festivo y a la vez maduro en su justa medida.


The Wombats – This Modern Glitch


  • El curioso sentido del humor de las letras que combinan amor, obsesión, depresión, suicidio y, cómo no, ironía.
  • Tiene el objetivo de hacérnoslo pasar bien. Sin demasiadas pretensiones estilísticas se presenta tal cual, listo para el oyente.

  • No sorprende como disco. Los temas no tienen mucho contraste entre ellos por lo que puede acabar cayendo en la monotonía.
  • Está muy seccionado en cuanto a canciones muy movidas y las más relajadas, siendo el inicio más enérgico y el final relativamente más calmado, dando la sensación de que “This Modern Glitch” se va desinflando.

PÁGINA DE ARTISTA

7.0

“This Modern Glitch” no va a ser un disco que pase a la posteridad, pero en definitiva nadie puede negar que no sea un elepé para el disfrute de cualquiera con ganas de corear y bailar, con citas personales que pueden encajar en el corazón de cualquiera en busca de algo dulce con que superar sus problemas, a modo de terapia.