JD MCPHERSON

Fue a finales de 2010 cuando “North Side Gal” se volvió viral en la red. Todo el mundo se preguntaba por la identidad de aquel joven que parecía transportarnos en el DeLorean a 1954. Apenas un año y medio después JD fichaba por una filial de Universal para re-publicar “Signs and Signifiers”, su debut discográfico. Público y crítica se mostraron entusiasmados con su sonido retro que ponía el foco en el rock clásico con el ritmo de Chuck Berry y la elegancia de Buddy Holly. Grabando todas las pistas mediante un equipo analógico McPherson consiguió que sus canciones aprehendieran el espíritu de ese rock ‘n’ roll que aún estaba dando sus primeros pasos.

Después de este éxito, publicar la continuación de “Signs and Signifiers” no iba a ser tarea fácil. Sobre todo considerando que ya no contaba con el efecto sorpresa, le podrían acusar de repetitivo o lanzarle a la cara el clásico argumento de “el primero era mejor”. Quizá por ello la espera para poder disfrutar de “Let The Good Times Roll” haya sido tan larga. JD se lo ha tomado con calma, ha sabido saborear el momento, girar, acudir a festivales y recoger premios mientras iba ultimando su personal receta de sonidos añejos para componer este álbum. No obstante, la espera ha merecido la pena.

En un primer acercamiento a “Let The Good Times Roll” uno se da cuenta de que los temazos siguen estando ahí, canciones de corte clásico que funcionan de maravilla y parece que nada ha cambiado respecto a su debut. Y digo parece porque lo cierto es que este LP, a pesar de entrar muy bien por el oído, requiere atención en la escucha (tampoco demasiada) para apreciar que no nos encontramos ante un “Signs and Signifiers 2.0.”. Aquí hay ideas nuevas, hay ganas de romper cánones, o más bien de forzarlos, de jugar con esos patrones e influencias clásicas para ver a donde podemos llegar.

JD McPherson no se siente cómodo en la etiqueta revival (así lo ha afirmado en diferentes ocasiones) y por ello con este disco ha intentado ampliar horizontes, eludir el simple tributo modelando una personalidad artística propia. Uno de los cambios más evidentes y acertados está en la producción, Mark Neill, el ecléctico productor de trabajos como “Brothers” de The Black Keys que ha desarrollado su trabajo en este apartado de “Let The Good Times Roll” sirviéndose de distorsión, reverb y varios efectos de sonido propios de otros estilos que ha incorporado a las canciones de McPherson.

La primera canción, de título homónimo, ya es toda una sorpresa. En ella Jimmy Sutton, mano derecha de JD, ha dejado a un lado el contrabajo y se ha hecho con un bajo eléctrico. El resultado es perfecto y el conjunto suena fresco y enérgico. “Let The Good Times Roll” arranca con optimismo e invita a bailar.

Bossy” guarda semejanza con las primitivas composiciones de los primeros bluesman negros, pero como casi todo en este disco, va un paso más allá. McPherson transforma la imitación en innovación mezclando un riff blues con una atmósfera que tiene algo del mejor indie lisérgico de nuestros días.

Nos vuelve a sacar a la pista de baile con “It’s All Over But The Shouting”, un R&B perfecto para bailar el stroll, un ritmo más lento. Pero el de Oklahoma vuelve a rizar el rizo para tocarlo a su manera. En esta ocasión, el saxo será el mejor aliado de JD marcando el ritmo en todo momento junto con el piano. Atención a la danza macabra que protagonizan guitarra y saxo, al llegar a la mitad de la canción ambos se encargarán de crear un ambiente oscuro muy interesante. El propio artista ha reconocido que sus intenciones eran “hacer psicodelia de los años cincuenta”.

Para el siguiente tema, “Bridgebuilder“, nuestro artista contó con la ayuda de Dan Auerbach, cantante y guitarrista de los Black Keys. Dan musicalizó una letra para la que JD no llegaba a encontrar la melodía adecuada. De esta forma, le brindó su ayuda en forma de balada de los primeros años sesenta en la que la voz de McPherson se acerca al soul, invocando a Sam Cooke más que en ningún otro momento del elepé. El trabajo en la producción vuelve a ser excelente, “Bridgebuilder” nos descubre un tímido piano acompañado por algunos arreglos de cuerda y una guitarra distorsionada que irrumpirá al final para romper con la calma imperante. Esta faceta delicada volverá a aflorar en “Precious”, la segunda balada “Let The Good Times Roll”, donde se luce como cantante.

[pullquote]En “Let The Good Times Roll” hay ideas nuevas, hay ganas de romper cánones, o más bien de forzarlos, de jugar con esos patrones e influencias clásicas para ver a donde podemos llegar.[/pullquote]

It Shook Me Up” podría ser un descarte de su primer disco, un rock ‘n’ roll muy al estilo de Eddie Cochran en el que vuelve a brillar Jimmy Sutton, esta vez ataviado con un contrabajo. “Mother Of Lies” tampoco supone en absoluto un ejercicio de experimentación, pero nos presenta a una banda tocando R&B con la precisión de un reloj suizo. ¿Quién quiere innovar pudiendo sonar así de bien? El propio JD cuenta que escribió “Head Over Heels” tras analizar la forma de tocar la guitarra de Wilko Johnson, integrante de la banda Dr. Feelgood. Mcpherson quedó prendado de la manera que tenía de ‘atacar’ su instrumento que ha definido como “la perfecta yuxtaposición entre la finura y la agresividad”. Parece que ha conseguido transmitir esa pasión en este tema, el más garage de este trabajo. “Shy Boy” tiene ese poso de la música negra presente en el fantástico “Brothers” de los Black Keys. Aquí, la guitarra pasará a un segundo plano en favor de voz y órgano, dejando bien claro que se pueden dejar a un lado los riffs de guitarra pero jamás el groove.

En “You Must Have Met Little Caroline?” vuelve a dar una vuelta de tuerca a una composición clásica. Esta vez toma un blues que recuerda a Howlin’ Wolf (mira como aúlla) introduciendo elementos que parecen encerrarlo en un espacio sombrío y farragoso. JD se despide con rockabilly, “Everybody’s Talking ‘Bout The All-American” cierra el disco por todo lo alto y nos deja con ganas de más.

JD McPherson ha superado con nota el test que suponía el lanzamiento de su segundo álbum en el que vuelve a plasmar todas sus influencias, pero recomponiendo la fórmula. De esta manera, ha esquivado el miedo a repetirse llevando a cabo una evolución madura y coherente con la clase de artista que es.


JD McPherson – Let The Good Times Roll


  • McPherson presenta una perfecta conjugación entre personalidad y tributo.
  • Cerrará las bocas de quienes le calificaban de fenómeno viral.
  • Imposible no pulsar replay.

  • Las enormes expectativas pueden jugar en su contra.

PÁGINA DE ARTISTA

8.2

“Let The Good Times Roll” es el disco que consolida a JD McPherson como una de las figuras más talentosas de los actuales revivalistas. En este disco ha decidido seguir apostando por los sonidos añejos empujando unos cuantos metros sus propios límites estilísticos mostrando creatividad a la vez que un gran respeto por lo clásico.