Antes de Elvis no había nada“. Probablemente estas palabras pronunciadas por John Lennon pueden originar una acalorada e interminable discusión sobre la veracidad de las mismas… Que si Elvis sólo robó la música negra, que si era incapaz de componer por sí solo, que si sólo cantaba y bailaba (como si fuera fácil cantar como él lo hacía), etc. Lo cierto es que, guste o no, fue quien moldeó esa música afroamericana vista con recelo por el público mayoritario blanco y la expuso como un género para la mayoría. Elvis llevó el rockabilly y el rock and roll a las masas gracias a su versatil voz que le permitía moverse por diferentes estilos como el blues, el country, el gospel y, por supuesto, texturas más pop y baladas a las que es imposible arrebatar el sello personal de Elvis (véase, por ejemplo, “Can’t Help Falling in Love” o “Love Me Tender”).

Dejando polémicas, gustos y opiniones a un lado, es innegable la descomunal influencia de Elvis en otros músicos y artistas. Ya fuera tratando de imitar su voz, o estando horas frente al espejo para copiar su impoluto tupé, o memorizando sus movimientos e intentando bailar sobre cualquier escenario improvisado igual que su ídolo o, simplemente, porque gracias a él un número de jóvenes imposible de saber se acercaron al rock and roll. Y John Lennon, junto con el resto de componentes de The Quarrymen, fueron varios de ellos.

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¡Ah, The Quarrymen! En la década de los cincuenta convivían en Inglaterra la explosión del rock (Elvis lanzaba su primer álbum en 1956) con el skiffle, un tipo de música que mezclaba jazz, folk, blues y se caracterizaba por el uso de instrumentos improvisados o caseros. Su origen, aunque dudoso, parece encontrarse en la población afroamericana de los Estados Unidos de principios del siglo XX y pese a que el término desapareció en la década de 1940, tuvo su revival en la Inglaterra de postguerra. Pues bien, los mencionados Quarrymen eran una agrupación de compañeros de instituto liderados, cómo no, por John Lennon. Poco después conocería a Paul McCartney, quien se uniría en octubre de 1957 e introduciría casi acto seguido a un amigo un año más pequeño que él, un tal George Harrison. Años después, tras su cambio de nombre a The Beatles, su estancia en Hamburgo, las bajas de Stuart Sutcliffe (bajista original fallecido poco después de que la banda lanzara su primer single) y de Pete Best (sustituido por Ringo Starr), en 1963, tras firmar un contrato con Parlophone (subsidiaria de EMI), lanzarían su primer álbum de estudio, “Please, Please Me”. Estallaba la Beatlemanía.

Ese mismo año publicarían también su segundo largo, “With the Beatles”, creciendo su impacto tanto en Inglaterra como en Europa, embarcándose ese mismo año en una gira por Suecia, la primera fuera del Reino Unido desde su etapa en Hamburgo. Sería en 1964 cuando comenzaría lo que conocemos popularmente como ‘The British Invasion’. Se especula que unas cuatro mil personas arroparon al ya adorado cuarteto británico en el London Heathrow Airport antes de que se embarcaran para el que sería su primer tour por Estados Unidos.

La cuna del rock and roll les esperaba, ciertamente, con los brazos abiertos, y aunque el propio McCartney se preguntaba qué podían ofrecer ellos al público norteamericano que había visto nacer al rock, de nuevo se cree que más de cuatro mil agitadas personas y doscientos periodistas los esperaban en el recién nombrado aeropuerto John F. Kennedy, quien había sido asesinado, como todos sabemos, en noviembre del 63. Los Beatles sólo estuvieron durante el mes de febrero en Estados Unidos, pero al volver a su tierra natal en el mismo aeropuerto londinense no aguardaban cuatro mil fans, sino que el número había crecido hasta diez mil.

En agosto de ese mismo año The Fab Four regresarían a Estados Unidos, esta vez tocando en veintitrés ciudades diferentes, desde Nueva York hasta San Francisco y dando un total de treinta conciertos. El furor de la Beatlemanía seguía creciendo gracias al impacto de su recién estrenado tercer disco, “A Hard Day’s Night”, el primero que estaba compuesto en su totalidad por la dupla Lennon-McCartney.

La efervescencia Beatle parecía no tener fin (y todavía estamos en 1964), pero sería su tercera gira, en verano de 1965, la que marcaría el punto álgido de los de Liverpool en Estados Unidos, ya que al año siguiente, con aquellas declaraciones sobre ser más grandes que Jesucristo, se acabarían las giras de los Beatles, convirtiéndose únicamente en una banda de estudio y dando lugar a su etapa con mayor experimentación y libertad creativa. Dicho tercer tour, que procedió entre el 15 y el 31 de agosto de 1965, comenzó de la forma más colosal posible, con el histórico concierto en el Shea Stadium ante más de 55.000 personas, el más grande dado por The Beatles en toda su trayectoria y marcado como un hito en la historia de la cultura popular al convertirse en la primera actuación masiva de estadio.

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The Beatles durante el concierto en el Shea Stadium

Los Beatles llegaban con dos discos más que el verano anterior, habiéndose publicado en diciembre de 1964 el “Beatles for Sale” y “Help!” diez días antes del comienzo de la gira. En un espacio de dos años habían lanzado cinco discos y eran un fenómeno mundial mientras, recordemos, un Elvis que había debutado en el 56 parecía desfasado y se dedicaba casi exclusivamente a grabar y poner música a películas para adolescentes. Parece que una nueva generación le estaban arrebatando el trono de Rey, porque no sólo estaban los Beatles, también empezaban a despuntar The Rolling Stones, los Kinks con su “Really Got Me” acechaban al otro lado del Atlántico y en diciembre de ese 1965 The Who publicarían su primer disco, “My Generation”, entre tantos.

Pero el caso es que al final de la gira, desde el 22 que tocaron en el Memorial Coliseum de Portland hasta el día 28 que lo harían en San Diego los Beatles no daban ningún show, por lo que Tony Barrow, su jefe de prensa, trató de convencer al Fab Four para tener una reunión con su ídolo de la adolescencia ya que, como confesó McCartney, habían tratado de contactar con él en anteriores ocasiones pero no fue posible. El cuarteto aceptó con la condición de que ni periodistas ni fotógrafos convirtieran lo que debería ser un encuentro informal entre dos iconos en un circo mediático.

Harrison recuerda que conocer a Elvis fue uno de los puntos fuertes del tour. Sucedió el 27 de agosto de 1965 pasadas las diez de la noche, en la mansión que el Rey del rock tenía en Beverly Hills, y el guitarrista también expresó cómo acabaron por despistarse dentro de aquella limusina Cadillac negra que los dirigía a la residencia de Elvis mientras tomaban unas tazas de té hasta que se bajaron, se detuvieron ante unas puertas enormes y alguien dijo: “Oh, sí, vamos a conocer a Elvis“.

aquella-noche-de-agosto-en-la-que-los-beatles-conocieron-a-elvis-3Entraron, pero la historia no comenzó muy bien. Elvis estaba viendo la televisión con el sonido apagado y un bajo en la mano, los condujo a un salón enorme y se sentaron. Durante unos minutos nadie dijo nada hasta que el propio Elvis dijo, de repente: “¡Maldita sea chicos! Si vais a sentaros aquí y mirarme toda la noche me voy a la cama“. Fue entonces John Lennon el primero en hablar, quizás de forma poco apropiada, para preguntarle: “¿Por qué te dedicas ahora a hacer todas esas baladas suaves y blandas para tus películas? ¿Qué pasó con el bueno y viejo rock and roll?“. Parece que John lo dijo en broma, aunque probablemente los cuatro pensaban eso, ya que en posteriores entrevistas Paul confesó que cuando tenía 16 años escuchaba todas sus canciones y las amaba, pero que ahora se había vuelto aburrido. A continuación intercambiaron anécdotas ocurridas en conciertos y giras, pero el hielo no se iba a romper entre leyendas del rock con palabras, así que Elvis pidió que le trajeran unas guitarras y empezaron a tocar de manera improvisada.

Barrow explicó que inesperadamente, cuando el encuentro se volvía cada vez más soporífero, gracias a esa pequeña jam session los de Liverpool conectaron con Elvis Presley, quien agarró un bajo, tocó unas notas y le dijo a McCartney: “Ves, estoy practicando“. Paul, de forma distendida, le respondió: “Tranquilo, entre nosotros, Brian Epstein y yo haremos de ti una estrella“. En The Beatles Anthology, el documental que recoje la historia musical de los Beatles, McCartney comenta: “Para mí fue increíble que estuviera interesado en el bajo, así que le dije que podía enseñarle esto y aquello… Sabes, de repente era como si fuéramos amigos“.

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Irene Katz, joven de 13 años que mostraba esta pancarta en Nueva York durante la gira de los Beatles de 1964

Lennon preguntó sobre planes de futuro, si volvería a grabar discos como los de antaño y sus futuros proyectos cinematográficos, pero al parecer Elvis, aunque amistoso y siempre sonriendo, se mostró reticente a contar nada, bromeando incluso. Entonces el Coronel Tom Parker, mánager de Elvis, apareció en el salón con un recopilatorio de grandes éxitos de Elvis para cada uno, dando a entender que era momento de acabar la reunión.

Indudablemente, para The Beatles conocer a Elvis era algo descomunal, y aunque en palabras del jefe de prensa actuaron como si no tuvieran el interés que en realidad tenían, para ellos era conocer al mito del rock and roll, al hombre que portó a las masas el género que The Fab Four pronto revolucionarían y una de sus máximas influencias.

Si bien unos adolescentes de Liverpool escuchaban grabaciones, discos y ponían la radio para escuchar al icono del rock and roll a finales de los cincuenta, en poco tiempo ellos mismos usurparon su trono y se convirtieron en los nuevos ídolos de América y del mundo, siendo Elvis el que deleitaría nuestros oídos con su voz versionando temas de los cuatro de Liverpool, como “Hey Jude”, “Yesterday” o “Something”.