THE DECEMBERISTS

Quien más, quien menos, estaremos de acuerdo en que esto de la ‘buena’ música se puede destacar tanto por el virtuosismo, sea instrumental, lírico o incluso comercial, como por el corazón, entendido como la pasión y la sinceridad a la hora de tocar. Por norma general los grandes grupos brillan más en una de las dos facetas. Pero en contadas ocasiones aparece una banda capaz de alcanzar un equilibrio casi perfecto entre ambas.

La banda de la que hablo no es una banda común. Empezando por su apariencia y continuando con la temática y el vocabulario en sus composiciones, The Decemberists llaman la atención en todos los sentidos. Les reto a encontrar otro grupo, sin importar la época o el género (exceptuando quizá a alguna banda de viking metal), que use sin despeinarse palabras como lithesome (que es como se decía ágil hace, sin exagerar, mil años), o que dedique un EP entero, “The Tain” (2004), a narrar una epopeya irlandesa del siglo I d.C.

El caso es que al margen de sus rarezas y de tener que utilizar diccionario si se quiere entender del todo sus letras, The Decemberists se han hecho un nombre en el panorama del folk indie estadounidense a fuerza de hacer las cosas francamente bien y con un estilo propio, e influido desde sus inicios por grupos como Neutral Milk Hotel o Modest Mouse. Desde 2011, cuando salió su penúltimo largo “The King Is Dead”, ha llovido, pero viendo el resultado final la espera ha merecido la pena.

Este su séptimo disco arranca con toda una declaración de amor (e intenciones) en “The Singer Addresses His Audience“. “Os pertenecemos”, comienza Meloy en esta pista que resulta ser un crescendo continuo. Rinde así auténtica pleitesía, ”todo lo hicimos por vosotros”, a los fans de la banda. La progresión de la canción enlaza perfectamente con el siguiente tema del disco, probablemente el más animado. “Cavalry Captain” se desvía un tanto de la atmósfera general del disco, pero cuesta mucho ponerle pegas a esta canción. Resulta muy difícil resistirse a esos vientos enérgicos. Aquí los de Portland demuestran que si quisieran hacer pop-rock más accesible al gran público, lo harían igual de bien.

A continuación llega “Philomena”, cuya temática es una de esas excentricidades a las que nos tiene acostumbrados el ingenio musical de Colin Meloy. En este caso le dedica una oda al despertar sexual por parte de un chaval. Con referencias más o menos sutiles, “todo lo que quería en el mundo era vivir para ver a una chica desnuda”, el tratamiento alegre y natural de la canción la convierten en  una de las más sencillas y agradables de escuchar de todo el álbum.

Con estas tres canciones ya nos hemos sumergido en la atmósfera folk que envuelve al disco. Es entonces cuando nos encontramos con la que probablemente sea la mejor pista del álbum: “Make You Better“. La armonía existente entre la melodía instrumental y la profunda (y cada vez más madura) voz de Meloy convierte esta canción en una de esas que van directas al repertorio de grandes himnos de una banda. Mención especial merece el cómico videoclip de la canción, protagonizado por Nick Offerman (que algunos conocerán como Ron Swanson de la serie Parks and Recreation).

Lake Song” viene acompañada de un cambio de registro importante. La guitarra acústica y el acompañamiento del piano narran un amor adolescente con tintes autobiográficos y ritmo lento. La melancolía de esta pieza tiene su continuación en “Till the Water’s All Long Gone“, pista que es la favorita del disco para el líder del grupo. En el estribillo de esta, Meloy repite “I won’t betray you”, como un mantra por si a alguien no le ha quedado claro que no, no nos van a traicionar.

Tras estos dos temas, los Decemberists de nuevo cambian el rumbo del álbum e introducen un corte de carácter más alegre como es “The Wrong Year“. Con poco de folk en él y sí más de pop-rock, este track es una de las confirmaciones de la progresiva evolución de la banda, que si bien no ha renunciado a sus raíces folk y sus signos de identidad, sí que es cierto que quizás ha moderado un tanto sus composiciones, sonando ligeramente más convencionales que en sus primeros discos.

A “The Wrong Year” le sigue “Carolina Low“. Excesivamente lento, puede que sea el tema más ‘de relleno’ de todos los que encontramos en este último trabajo de los de Portland. Esto no quiere decir que sea malo, pero desde luego dista mucho de quedarse grabado a fuego entre sus seguidores. Pasado el trámite, topamos con “Better Not Wake the Baby“. El sonido de folk sureño se impone y resulta en una composición sencilla, breve y directa. El caso es que en vez del tradicional banjo, the Decemberists, siempre a contracorriente, han optado por hacer del buzuki griego el protagonista de esta historia.

A modo de conexión con su pasado, concretamente con el tema “Summersong” de “The Crane Wife” (2006), aparece ahora su contrapunto, “Anti-Summersong”. En éste, la armónica y los coros al estilo de una saloma (composición marinera para aumentar la productividad), nos recuerda a esos Decemberists originales que por un momento parecían un tanto olvidados. Si bien en contenido no tiene nada que ver con su hermana, la referencia a ella, “I’m not going on, just to sing another summer song“, deja claro que la banda no quiere estancarse y vivir del pasado, quiere seguir evolucionando según su propio criterio.

Llegados a este punto, queda claro que el disco ha adquirido un carácter propio y distinguible de los anteriores. Siguiendo la línea folky de los temas previos, “Easy Come, Easy Go transporta inequívocamente al lejano Oeste con un rasgueo de guitarra y ese sonido lo-fi tan característico. Detrás de esta, y desapercibida en medio de tanto cambio de estilo, se esconde la joya oculta de este disco. Woah, “Mistral“. Woah. Una balada rock coral con un ritmo perfecto y una cadencia que toca la fibra del que la escucha. A uno no puede evitar recordarle a alguno de los mejores trabajos de otra de las grandes bandas americanas de folk de los últimos años como es Band of Horses.

Entrando en la recta final, aparece una armónica. Y tras ella, el tema que incluye la letra que da título al álbum, “12/17/12“. La canción viene inspirada por el discurso que dio Obama en esa fecha acerca de la masacre de la escuela de Sandy Hook. Colin Meloy reconoció haberse sentido profundamente afectado por este acontecimiento entre otras cosas por tener un hijo de la edad de los fallecidos aquel trágico día.

Por último, y para variar, The Decemberists vuelven a hacer las cosas a su manera. Qué mejor manera de cerrar un disco que con una canción titulada “A Beginning Song“. Tras lo emotivo de la anterior pista, aquí aparece de nuevo un rayo de luz que trae optimismo y nos deja con ganas de que estos pedazo de músicos nos traigan más material. Y ojalá que no tengamos que esperar otros cuatro años para ello, pero si tiene que ser así, sólo pedimos que cuando vuelvan lo hagan con algo como esto.


The Decemberists – What a Terrible World, What a Beautiful World


  • Como ya es marca de la casa, las letras son pura poesía.
  • La voz de Colin Meloy cobra más protagonismo y dota de carácter a todas las canciones.

  • Es un álbum más ligero y accesible al gran público que los de sus orígenes. Los más puristas quizá echen de menos algo de la esencia original.

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8.3

En su séptimo largo los de Portland aportan una bocanada de aire fresco al folk americano actual sin perder su autenticidad. Sin embargo, es cierto que arriesgan menos y no sorprenden tanto como hacían antaño.