El 9 de noviembre de 1989 el mundo entero se pegó a los televisores porque el Muro de Berlín empezaba a caer tras 28 años en pie. Suponía el inicio de la reunificación alemana, pero mucho más. Se rasgaba un telón que distinguía los dos mundos, el de los ‘rojos’ y el de los ‘yankees’, hacía realidad el reencuentro de viejos amigos o de familias separadas hasta ese momento por un cemento que  les había convertido en ajenos durante muchos años.

Pero más allá del contexto político, la caída del Muro equivalía a abrir una puerta a los habitantes del lado oriental a una cultura occidental en la que la modernidad había ocupado la escena artística. Vanguardia y naftalina entrarían en contacto.

Así pues, Berlín occidental ya era para entonces un foco que atraía a artistas innovadores desde los años 70. Quizás uno de los más renombrados fuera David Bowie, quien entre 1977 y 1979 grabó la llamada trilogía de Berlín, formada por los discos “Low”, “Heroes” y “Lodger”.

Es entonces cuando es necesario hablar de unos estudios de grabación tan míticos como lo han podido ser los Abbey Road de Londres, se trata de los Hansa (pronto hablaremos de Nick Cave). Los estudios en cuestión, de los que Bowie prácticamente hizo su casa, estaban ubicados en el corazón de Berlín, cerca de la Plaza Postdam, en un edificio de oficinas construido en 1912. Los responsables de su apertura en los años 60 fueron por Peter y Thomas Meisel. En los años 70, contagiados por el fértil ambiente berlinés, los Hansa eran un hervidero de brillantes producciones discográficas. Más tarde lo han seguido siendo, aunque en progresivo declive, con inquilinos como Depeche Mode o U2. Actualmente los estudios han reducido drásticamente el número de salas, sólo se suele grabar en el Estudio 1, y el legendario Estudio 2, un enorme salón conocido como el ‘Hall by the Wall’, se usa en ocasiones excepcionales.

El nombre de este segundo estudio proviene de la ubicación de los Hansa, nada más y nada menos que a unos 400 metros del Muro de Berlín.

Cierto es que en los años 80, los estudios de los Meisel ya empezaban a no ser lo que fueron en sus años de esplendor, pero tuvieron el atractivo suficiente para atraer entre otros artistas, a un Nick Cave, que con sus Bad Seeds, empezaba a sonar fuerte en el panorama musical internacional, rompiendo algún que otro molde.

El músico de origen australiano tomó contacto con estos estudios ya con su disco “From Her To Eternity” en 1987, en plena época de excesos y adicción a la heroína. Pero el por qué de esta historia se encuentra dos años después, con un Cave renovado.

Era 1989. Nick Cave se había establecido en São Paulo (Brasil), sobre todo huyendo de su vida hasta ese momento, de las malas influencias. Cave acababa de salir de una cura de desintoxicación para dejar de lado la heroína. Fue esa una etapa muy productiva para Cave, en la que comenzó a desarrollar métodos de trabajo disciplinados que incluso radicalizaría en años posteriores. Fue así como dio forma a su disco “The Good Son”.

El álbum fue grabado en gran parte en Brasil, pero como relata Jorge Alonso en el libro “Nick Cave & The Bad Seeds. Compartiendo las semillas” (66 rpm), ciertos arreglos tuvieron que hacerse en Berlín. El lugar elegido, nuevamente, fueron los estudios Hansa, cerca del Muro de Berlín.

Así llegamos al 9 de noviembre de 1989. En dicha biografía se recogen las palabras del guitarrista de los Bad Seeds en aquella época, Blixa: “En medio de la noche, cuando estábamos ocupados grabando en aquella desolada zona de Berlín, donde no hay nadie de noche, donde se tardaban tres horas en encontrar un taxi, de repente todo se llenó de gente porque acababan de derribar el muro al final de la calle del estudio”.

Pero… ¿Y Nick Cave? ¿Podría haber sido ese un tema genial para escribir una canción? ¿El disco estaría marcado por ese suceso? ¿Aprovecharía un músico tan poco usual como él un momento así para promocionar su disco?

El baterista Thomas Wydler prosigue relatando: “Aquel día  alguien me llamó al estudio y me dijo ‘tío, han tirado el muro, tienes que salir’. El estudio estaba pegado al muro… estaba en Kreuzberg, junto al muro. Dijimos: ‘No hay tiempo, tenemos que trabajar, que vengan ellos’. Entonces salimos y apareció toda aquella gente. Aquel fue un recuerdo muy especial de Berlín. Libertad… quizás”.

Pero… ¿Y Nick Cave? El músico asegura que se quedó dentro del estudio, concentrado en su sesión de grabación de voces. Tan cerca y tan lejos del Muro de Berlín.