ROXY MUSIC

Las etiquetas pueden estar para ponerlas si quieres ser algo muy reconocible o están para romperlas si por el contrario lo que quieres es que nadie te catalogue en un determinado estilo musical. Bryan Ferry y Phil Manzanera debieron pensar en la segunda opción cuando un grupo que venía del glam-rock decide comenzar la década de los ochenta publicando “Manifesto”, un disco para poner a todo el mundo a bailar, sin perder la esencia que les había llevado hasta ese punto. Grandes músicos haciendo música adulta y, sobre todo, elegante.

Ferry sigue tan acertado con su voz como siempre, el cantante que afina educado y que envuelve todas las frases con ese aire final tan característico. “Manifesto” no cambia ninguna fórmula del éxito anterior ni lo intenta, sólo cambia el envoltorio de las canciones. Transforma cada tema en diferentes atmósferas y utiliza recursos muy poco convencionales hasta esa fecha y que podrían ser vistos como el principio de la música dance.

Una progresiva introducción nos adentra en el tema que da título al disco, “Manifesto“, en lo que podía ser perfectamente los últimos instantes de una gran fiesta: vasos y confeti tirados por el suelo, el baile ya es cansado, pero Ferry nos canta desde el escenario, aún perfectamente trajeado y sabiéndose mejor. Una canción con una gran línea de bajo y unos arreglos que permiten que en ocasiones sea instrumental.

A continuación suena “Trash“, canción corta y directa, quizá lo más cercano a trabajos anteriores pudiendo recordar a temas de “For Your Pleasure”. El corte siguiente es uno de los más destacados, “Angel Eyes“, la forma de cantar de Bryan, el ritmo de la batería y las constantes subidas y bajadas de ánimo hacen que sea adictivo, e imprescindible la aportación de Andy Mackay al saxo.

[pullquote]”Manifesto” es un disco con el que Roxy Music pretenden poner a todo el mundo a bailar pero sin perder la esencia que les había llevado hasta ese punto.[/pullquote]

Still Falls The Rain” es romanticismo y cambios de ritmo, maravillosamente interpretada y con un poso que recuerda a cualquiera de los temas del “Station to Station” de Bowie. Muy diferente es el tema que le sigue, “Stronger Through the Years“. Una gran guitarra de Manzanera comienza a gritar y un Ferry de voz cansada interpreta como si en lugar de cantar estuviera contándonos la historia. La unión de guitarras chirriantes, baterías muy marcadas y saxo que tantas alegrías les (y nos) daría más adelante en su carrera con “Avalon” empezaba a tomar forma en canciones como “Ain’t That So“. Un comienzo maravilloso que invita a subir el volumen al máximo y que necesita toda la atención para captar la cantidad de matices que ofrece. El estribillo, repetitivo y pegadizo cantado por coros es, una vez más, muy elegante.

[pullquote]”Manifesto” transforma cada tema en diferentes atmósferas y utiliza recursos muy poco convencionales hasta esa fecha y que podrían ser vistos como el principio de la música dance.[/pullquote]

My Little Girl” es la tranquilidad previa a la tormenta. Es contenida y sencilla, con un riff muy marcado y una interpretación suave para estar tranquilo por un instante en el disco. El descanso va a durar poco, ya que el mejor tema del álbum se encarga de que así sea.

Suena “Dance Away“, un ritmo constante de batería que no abandona en ningún momento el corte, una cadencia al cantar a la que apetece unirse en todo momento, un estribillo muy pegadizo cantado al unísono y una vez más el toque diferencial del saxo, consiguiendo una de las mejores canciones en la carrera de Roxy Music.

Un toque de funk y glam aparece con “Cry, Cry, Cry“, digna y bailable sucesora de “Dance Away” que continua en la línea sorprendente que marca el disco comparándolo con lo que había sido la banda hasta finales de los setenta.

Cierra el disco “Spin Me Around“, la canción más alejada del resto y musicalmente la que menos importancia tiene. Se queda en un intento de balada repetitivo que ni mejora ni tan siquiera iguala los temas anteriores.

Roxy Music sabía hacer muy bien lo que hacía. Aun así decidieron un cambio de rumbo. No fue la etapa más aplaudida por el gran público, aunque “Manifesto” entró directo en el top de las listas británicas en su lanzamiento en 1979. Sí tuvo un mayor éxito comercial el álbum que le siguió, “Flesh & Blood”, que contenía un estilo muy parecido pero temas más radiofónicos y singles mucho más marcados. Hasta ahí su aventura más bailable, puesto que “Avalon” en 1982 rompería el molde tanto musicalmente como en ventas.


Roxy Music – Manifesto


  • El gran sonido que acompaña todas las piezas, magistralmente interpretadas al milímetro.
  • Aun siendo un estilo muy diferente a lo habitual, mantienen la esencia, son ellos en todo momento. Muy reconocibles.
  • Es una buena forma de avanzar todo el sonido dance que aparecería en los más avanzados ochenta.

  • Carece de singles muy evidentes, lo que hace que no sea un disco que enganche a la primera.
  • Si te gusta tanto lo anterior como lo posterior de Roxy Music, este disco queda en un limbo musical.

PÁGINA DE ARTISTA

6.8

Hacer un cambio drástico en tu carrera y que funcione en crítica y público no es nada sencillo, por eso Roxy Music está formado por grandes y experimentados músicos. Consiguen que un disco que podríamos catalogar de un dance muy prototipo suene elegante y preciso.