CARL BARÂT & THE JACKALS

El músico de origen británico, nacido en 1978, alcanzó la fama junto a Pete Doherty, John Marshall y Gary Powell en 2002 con el primer álbum del grupo que formaron a finales de los 90, The Libertines. La banda se hizo rápidamente popular por sus breves actuaciones y la relación amor-odio entre Barât y Doherty, caracterizada por una continua rivalidad, lo que provocó que en 2004, tras haber publicado su segundo álbum “The Libertines”, el grupo se separase y sus componentes tomasen caminos separados. La polémica estaba servida; mientras Doherty fundaba Babyshambles, Barât se involucraba en varios proyectos y formaba Dirty Pretty Things junto a Gary Powell y dos componentes más que, tras publicar dos discos (“Waterloo To Anywhere” y “Romance At Short Notice”), se separaron en 2008.

Dos años después, en 2010, Barât se atrevevió con su primer trabajo en solitario, “Carl Barât”, álbum formado por 18 canciones, 4 de las cuales son actuaciones en directo. Muy alejado de su línea habitual, compuso un disco en el que abundan baladas pop rock, con el que no cosechó muchos éxitos, en parte, porque a los seguidores de The Libertines les decepcionó la nueva línea de Barât.

En febrero de 2015, Carl Barât reaparece en la escena musical con un álbum que originalmente iba a ser su segundo trabajo en solitario, pero tras el estrepitoso fracaso del primero decidió llevarlo a cabo con una nueva banda, de una forma bastante original. Aprovechando el tirón de las redes sociales, invitó abiertamente a la gente a participar en este nuevo proyecto y creó un casting que convirtió las 1.000 peticiones iniciales en tres componentes nuevos con los que formó su nueva agrupación, Carl Barât & The Jackals. Y así es como Barât nos muestra su versatilidad y lo mejor de su creatividad. En un disco de sonido más duro y mucho menos melódico que su primer trabajo en solitario derrocha energía y fuerza, volviendo un poco más a la línea de The Libertines, pero estableciendo un sonido propio.

La fuerza con la que comienza “Glory Days” determina el resto del álbum. Contundente donde las haya, con un ritmo claramente marcado gracias a  una percusión con aires latinos (de la mano de Alfredo Ortiz) y unos repetitivos riffs de guitarra hasta que aparece la característica voz de Barât. Rindiendo homenaje a los británicos The Clash, la intencionalidad política de la letra es clara: está dedicada a los soldados del Imperio Británico ejecutados por deserción durante la I Guerra Mundial.

Introducida y cerrada por trompetas, “Victory Gin” es otra de las apuestas fuertes del disco, donde, aparte de las guitarras, destaca la línea del bajo. Con su inconformismo y rebeldía por bandera, tiene una de las letras más insolentes “We are not afraid of anyone… I defy anyone to tell me I am wrong…”.

Summer In The Trenches” se caracteriza por el ritmo desenfrenado y la percusión que marca todo el tema. Nos devuelve a un sonido más típico de The Libertines; aparecen cambios de ritmo muy marcados hacia la mitad de la pista, sin perder en ningún momento la energía con la que empezó el álbum.

Con más letra que desarrollo instrumental se presenta “A Storm Is Coming”. No deja de ser un tema pegadizo, rebajando muy levemente el tono, pero con la misma fuerza que los anteriores. Quizá tenga un ritmo más sencillo y reconocible, con unas guitarras que destacan en un segundo plano con respecto a la voz principal y los coros.

Un respiro justo a mitad del álbum cuando la guitarra acústica y la voz de Barât se vuelven las protagonistas de “Beginning To See”. El resto de instrumentos quedan relegados a ser meramente el acompañamiento, aunque con un papel imprescindible dentro de la composición, evitando que sea simplemente un tema meloso, aportando esa línea constante dentro del álbum. Los arreglos de cámara cierran el tema e introducen el siguiente, “March Of The Idle”, dando paso a una segunda mitad con un espíritu más combativo. La canción gana a medida que avanza, cuando coge fuerza volviendo al tono reivindicativo de Barât, que llega a gritar las líneas del estribillo, “This is the march of the idle”.

We Want More” comienza con un riff de guitarra muy característico y la línea del bajo junto con la batería, que se vuelven protagonistas en una canción que va aumentando el ritmo poco a poco hasta llegar al estribillo, donde consiguen un sonido más sucio. Pese a que no deja de tener fuerza, es menos reivindicativa, con una letra más facilona, rebajando la carga de los temas previos.

Otro de los temas principales del álbum, “War Of The Roses”, es una de las mejores, sin duda. Predomina el desarrollo instrumental en los casi cinco minutos que dura, sin tener un ritmo extremadamente rápido; Barât parece más casi hablar que cantar. Las guitarras aportan fuerza y ritmo a la canción, que en algunos puntos recoge solamente el bajo y la batería. La interpretación de Carl durante toda la composición es magnífica, con un registro variado y sin perder la fuerza durante todo el tema. Simplemente genial, muy conseguida la transición entre la parte instrumental y las partes en las que casi únicamente se percibe la voz principal. Barât saca a relucir la problemática relación entre él y Doherty, muy en la línea de “Can’t Stand Me Now”. El final es apoteósico, un minuto de riffs de guitarras cierra la canción más desarrollada e intensa de esta segunda mitad.

Casi cerrando el álbum aparece la composición más breve (minuto y medio), “The Gears”. Mucho más rápida que las anteriores, con un sonido potente y enérgico, donde quizá vuelva a no destacar tanto la letra. Sin embargo, no deja de tener ese desarrollo instrumental  y las guitarras suenan agresivas.

Y llegamos al final con “Let It Rain”, que se proclama como la composición más bonita de todo el álbum. Es un recopilatorio, una conclusión donde se vuelca todo el disco. La voz de Barât se acopla perfectamente a la melodía y nos muestra un registro totalmente diferente a lo oído en los nueve cortes anteriores, convirtiendo este tema en uno de los más especiales. Consigue rebajar el tono, sin parecer una canción lenta y se erige como un himno y el toque perfecto para cerrar un álbum que supera todas las expectativas y deja el listón muy alto.


Carl Barât & The Jackals – Let It Reign


  • Todo el álbum está cuidado al mínimo detalle.
  • Hay temas muy potentes y otros que se ocupan de rebajar el tono y devolver simplemente el espíritu de pasárselo bien.
  • Se diferencia mucho de su primer trabajo en solitario y vuelve a una faceta más cercana a The Libertines en ciertos aspectos, pero con este álbum consiguen una personalidad bien definida y original.

  • Quizá algunas letras tienen tanto trasfondo (político o personal), que las más ligeras destacan demasiado con respecto a las anteriores, pero en cierto modo se agradece que en diversos puntos del disco se interrumpa el tono reivindicativo y de cierto respiro.

PÁGINA DE ARTISTA

7.0

Segunda apuesta del británico Carl Barât. Esta vez no es un disco en solitario y los resultados quedan a la vista. Un álbum interesante, donde no sobra casi nada y dispone de todo lo necesario para triunfar. Potentes guitarras, ritmos marcados y letras reivindicativas e insolentes. Deja ver ese espíritu luchador a la vez que las ganas de pasárselo bien. La energía  que transmiten es extraordinaria y se nota que disfrutan tocando cada uno de los diez temas, es lo  que quieren y consiguen transmitir. Imposible no contagiarse de esa vitalidad al escucharlo con detenimiento.