EXTREMODURO

Tras seis largos años de silencio compositivo desde que saliera a la luz “Yo, minoría absoluta” (2002), el álbum que posiblemente defina de manera más simple qué es Extremoduro, se obró el milagro: “La Ley Innata”. La obra culmen de rock transgresivo en español tal y como la han definido algunos críticos.

El noveno disco de la banda extremeña se situó en el número uno de los discos más vendidos en España en la semana de lanzamiento. Era un álbum intensamente esperado por sus seguidores, que llevaban desde 2006 sin tener noticias de la banda después de que Robe publicara en la web que Extremoduro no haría gira hasta que tuvieran nuevo material. Un material que no llegaba.

Roberto Iniesta se había visto envuelto en una arrolladora etapa de impotencia creativa que le dejó más de un lustro condenado a buscar las musas sin encontrar señal alguna. Posteriormente afirmó: “En seis años da tiempo para que te den muchos bajones. No encontraba la inspiración y me torturaba a mí mismo recordando aquella época en la que me decían que era el mejor. No encontraba a esa persona”. Y fue esta misma impotencia creativa el caldo de cultivo para que ‘las músicas’ de Robe empezaran a entonar una canción, una única canción de más de 45 minutos en la que no deja de hablar de esa desolación del artista que ha perdido su arte. O que no lo encuentra.

La portada, diseñada por David Zelaia, es la más sobria de la toda discografía, alejándose de los agresivos y coloridos dibujos a los que nos tenían acostumbrados. En ella aparece El hombre de Vitruvio, creación de Leonardo da Vinci, situando al hombre como concepto central de la obra. Y sobre él, la famosa cita de Cicerón, traducida por Robe como: “Existe, de hecho, jueces, una ley no escrita, sino Innata, la cual no hemos aprendido, heredado, leído, sino que de la misma naturaleza la hemos agarrado, exprimido, apurado. Ley para la que no hemos sido educados, sino hechos; y en la que no hemos sido instruidos, sino empapados“.

El disco-canción comienza con “Dulce Introducción Al Caos”, exhibiendo la melodía que servirá de espina dorsal para articular el resto del LP. Encontramos, de hecho, fragmentos de esta dulce introducción a lo largo de todo el disco. Nunca Extremoduro había comenzado con algo tan sutil y, aparentemente, calmado. La voz de Robe, tras más de cinco años silenciada, llega a nuestros oídos justificando su falta y paralelamente introduciendo toda la historia a la que vamos a ser expuestos: “¿Cómo quieres que escriba una canción si a tu lado no hay reivindicación? La canción de que el tiempo no pasara, donde nunca pasa nada“.

Bajo esta preciosa mezcla de guitarra y violín se esconde una tensión que se percibe en los textos antes de que lleguen los primeros riffs. La elaboradísima letra muestra una poesía maravillosamente arrulladora, nada que ver con todo lo que había escrito Robe hasta ahora. El tono comienza a endurecerse a medida que se introducen imágenes inquietantes que nos aconsejan no bajar la guardia y dejarnos arrastrar por las melodías suaves: “Un otoño el demonio se presentó, fue cuando el arbolito se deshojó. La canción de que el tiempo se atrasara, donde nunca pasó nada“.

Hacia el minuto cuatro aparecen las influencias neoclásicas y podemos escuchar las primeras notas del 10º movimiento de la cantata BWV 147 de Johann Sebastian Bach. Una genialidad de fragmento instrumental, acompañado de la siempre exacta guitarra de Uoho, que se alza y enfurece de manera exquisita, arrastrando toda la dulzura y la quietud hasta el caos que se nos prometía en el título del corte. La melodía se vuelve amarga, el panorama ha quedado arrasado, y la estrofa última de este corte se repite una y otra vez entre gritos desesperados e incesantes.

Segundo corte, “Primer Movimiento: El Sueño”. El fragmento más breve del disco, se traduce en unos ritmos bastante inusuales en comparación con el resto de sus canciones. La voz de Iniesta continúa guiándonos a través del sueño, pero, ¿estamos realmente en un sueño? “No hay nada en el espejo, y persigo mi reflejos, igual que en los sueños“.

El artista busca aquello que fue y que le ha abandonado, dejándole en la soledad de la inspiración perdida. A pesar de ser la pieza menos brillante, se trata de un elemento esencial dentro de “La Ley Innata”, pues a partir del primer minuto aparece por primera vez el hermosísimo fraseo de guitarra que se repetirá en el segundo y cuarto movimiento, y que acompaña a la voz de Robe de la misma manera que lo hará posteriormente: “Buscando mi destino, viviendo en diferido sin ser, ni oír, ni dar“.

Nos llega de pronto toda la influencia del “The Dark Side of the Moon” con los cortes de guitarra al más puro estilo Pink Floyd, recreando un espacio onírico para empaparnos de la concepción del sueño que se desarrolla en esta parte. La letra arremete contra el mundo, narrando la poesía más social de la canción, que nos habla de la brutal violencia que vive la humanidad en los tiempos actuales. Después vuelve a recuperar el fraseo anterior arrastrándolo un paso más allá, comenzando el descenso a los infiernos.

Y así llegamos a la pista clave del disco: “Segundo Movimiento: Lo De Fuera”. En casi doce minutos que dura este fragmento encontramos un crudo autorretrato, el imposible de encajar con un universo desordenado, la opresión existencial y el reclamo del amor. Comienza con un oboe al que se van añadiendo un violín y posteriormente la guitarra, transportándonos al universo con el que el autor se encuentra en lucha, tratando de mantenerse vivo en el cautiverio. A medida que avanza la canción se van incorporando un variado grupo de instrumentos. Aun siendo prácticamente imposible diferenciarlos por la complejidad melódica sabemos que el disco llegó a tener hasta noventa y seis pistas, señal inequívoca del imposible entramado que conlleva.

Es de destacar el brillante trabajo que hace José Ignacio Cantera al mando de la batería, aportándole el ritmo perfecto a cada corte, dando sin embargo la impresión de estar tocando con total libertad, sin ritmos encorpiñados y muchas veces tensos que sí se vieron en temas de años anteriores.

En el segundo cuarto de este corte aparece una canción más alegre y romántica, una línea muy en concordancia con algunos temas que desarrollarán posteriormente, continuándose, por ejemplo, en “Mi Espíritu Imperecedero” del álbum “Material Defectuoso” (2011). Todo sin perder el trasfondo de sufrimiento y desamor: “Vente a la sombra, amor, que yo te espero; que tengo el corazón aquí con bien de hielo“.

Tras un finísimo solo de guitarra pasamos a un registro intimista en el que el autor comienza a sacar lo que lleva dentro, acompañado por una guitarra capaz ella sola de sostener el fragmento. Y aquí es cuando aparece de nuevo el fraseo de guitarra y los versos que se iniciaron en el “Primer Movimiento”. Una extraña adaptación de rumba eléctrica interpretada por Uoho da paso al mejor fragmento de este corte (tanto por la música, en la que la guitarra te eleva y la importancia de la batería se hace innegable) como por la letra, que continúa avanzando en la historia. La inspiración por fin ha llegado, pero al contrario de lo que se esperaba, no es una salvación, sino un momento apocalíptico que envuelve el mundo en llamas. La lírica de Robe es espléndida, jugando con las palabras para llevarnos a este paisaje que se consume en contraposición a todo. “Pensaba que sería frío el amanecer… Te equivocabas otra vez: Quemaba“.

Una última vuelta a los toques románticos con incursiones de trompetas, violines y otros instrumentos imposibles de diferenciar, complicándose la melodía al final de la canción, para abandonar definitivamente la senda alegre y adentrarse por completo en el caos y la locura al que nos someterá el siguiente track.

Tercer Movimiento: Lo De Dentro“, el punto de máxima violencia del disco. Nos adentramos por fin en la mente del protagonista, hemos descendido a los infiernos del pensamiento humano, donde se libran las batallas del poeta consigo mismo y con lo que le rodea. Es en este corte donde la percusión cobra mayor protagonismo, soltándose de pies y manos para dejarse arrastrar por la locura y la furia más extremas, pudiendo ser el mejor momento en cuanto a este instrumento de todo el recorrido de Extremoduro hasta ese momento.

Se han venido a solucionar todos esos elementos que se cantaban anteriormente, una luz ha desvelado del sueño al protagonista que ahora se encuentra consciente de su prisión mental. Las guitarras apoteósicas y cortantes que suenan simultáneamente, la batería en una carrera frenética hacia el abismo, el bajo sonando más intensamente que nunca, y la garganta del Robe desgañitándose como en los mejores tiempos hacen que esta sea la canción más brutal del álbum, posicionándose alto en el ranking de canciones colosales de Extremoduro.

Especial atención a las prodigiosas metáforas del último tercio de corte, a la formación de imágenes imposibles que sin duda erizarán la piel de más de uno. Una invertida metamorfosis Kafkiana: “¡Se volvió a gusano, mariposa, cansada de volar y no poder arrastrarse al fondo de las cosas… A ver si dentro puede comprender!

Muy poco a poco la violencia va perdiendo intensidad, dejando paso a unas melodías, aunque aún amargas, más tranquilas y apacibles. Abandonamos el fuego y las tinieblas para salir por primera vez a la mañana clara que se narra en el “Cuarto Movimiento: La Realidad“. A pesar de que este corte continúa insistiendo en la inspiración como un elemento imposible de alcanzar, este movimiento bien podría desgajarse del resto y funcionar como tema independiente. Para muchos, se trata de uno de los más hermosos temas del repertorio de la banda. Se recupera la lírica exquisita sumergida en unas aguas aparentemente en calma en las que la banda suena en perfecto orden, combinándose los instrumentos del cuarteto de cuerdas con el piano y la guitarra, de forma que la armonía mece suavemente esta parte de la historia. La vida ha vuelto a la normalidad, consciente de que se ha atravesado una pesadilla, vuelve a repetirse la estrofa central de la canción con el mismo fraseo de guitarra. Pero la historia aún no ha acabado, el último minuto vuelve a traernos las melodías pinkfloydianas: volvemos a descender.

El disco cierra con “Coda Flamenca (Otra Realidad)”, que comienza con una frase de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. La voz de Robe se arranca ahora con un pellizco flamenco que termina de convencernos de lo que nos cuenta. El paisaje que se antes vimos en llamas ha dejado de arder, ya sólo queda el humo y lo que fue. Se muestra fuerte y optimista, pero no debemos olvidar que hemos oído un descenso a la oscuridad justo antes de empezar, pues a partir de ahora comienza a retroceder a distintos momentos de la historia. Así, llega al “Segundo Movimiento” donde “Y es que perdí la pista del eje del salón”, a “Dulce Introducción Al Caos” en la que “Me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor, volar, volar…”. Y también se arrastra al “Tercer Movimiento” para gritarle a aquel temido Sol que aún sigue en pie.

A partir de aquí se produce la rotura definitiva con la realidad, renegando de todo lo anterior “¿Y qué, si me condeno por un beso? ¿Y qué, si necesito respirar?“. Cayendo de nuevo sin remedio en el bucle infinito donde comenzó todo, con la canción en la que nunca pasa nada, retomando al final de la canción los primeros acordes de “Dulce Introducción Al Caos”, contándonos que la historia no tiene fin, sino que es un círculo cerrado del que, por mucho que quiera, no va a conseguir liberarse nunca.


Extremoduro – La Ley Innata


  • Es la obra más madura y magistral que ha creado Extremoduro hasta el momento. Valió la pena esperar seis años para recibirla.
  • La lírica es exquisita, desplegando una enorme variedad de registros.
  • Musicalmente perfecto. El concepto del disco se ve perfectamente plasmado en la música.

  • No es un disco fácil de escuchar. Los continuos pliegues sobre sí mismo hacen que de primeras no se comprenda y resulte ‘reciclativo’.

PÁGINA DE ARTISTA

9.6

La atemporal obra conceptual de la banda extremeña, el noveno álbum de su trayectoria. Cultivada bajo las peores condiciones creativas en las que se pudo ver Roberto Iniesta se convierte en una joya del rock en español de la que se merece la pena disfrutar en todo su esplendor.