La historia del rock está plagada de momentos memorables en cuanto a escenas gamberras protagonizadas por artistas y bandas durante los conciertos. Sin duda alguna varios de ellos rodean el misticismo y desorden que rodeaban a Jim Morrison y su banda, The Doors.

La vida de Morrison ha estado siempre envuelta en una nube de misticismo, psicodelia y excesos, la cual, ligada al enorme deseo sexual que provocaba en sus fans, hacía que todas sus apariciones públicas se convirtiesen en un caos efervescente de ‘histeria colectiva’, como él lo llamaba. Y todo esto, por supuesto, tenía su punto álgido durante los conciertos.

Según cuentan, durante las primeras actuaciones del grupo, Morrison acostumbraba a improvisar historias y poemas sobre el escenario, contando cosas diferentes cada vez. En una de estas ocasiones, en 1966, durante su primer año de formación, el grupo actuaba en el antiguo The London Fog, que ese mismo año pasó a ser el ilustre Whisky a Go-Go. A mitad de una actuación, mientras la banda presentaba por primera vez el tema “The End“, Morrison comenzó a improvisar la letra, con la edípica historia del asesino “The killer awoke before dawn…”, estrofa que termina con “Father? Yes son? I want to kill you… Mother? I want to… FUCK YOU”.

Parece ser que la sociedad americana aún no estaba preparada para escuchar este tipo de narraciones, por lo que se generó bastante confusión e incomodidad entre el público. El dueño del club, por su parte, entró en cólera y los sacó a todos a rastras del escenario, echándoles a la calle con instrumentos incluidos, dando fin así al contrato que tenían para tocar en el local todas las semanas. Sin embargo, tras esta actuación, Jac Holzman (presidente de la discográfica Elektra Records que casualmente se encontraba allí) les propuso firmar el contrato que lanzaría su carrera al estrellato definitivo.

Y, cómo no, junto con la fama, las actuaciones polémicas fueron en aumento. Con apenas un año de vida, el grupo ya contaba con un ejército de fans que nada tenían que envidiar a las beatlemaníacas de la época. Se hizo necesaria la presencia de la policía en los conciertos para evitar que la masa de jóvenes efervescentes asaltara el escenario para tocar y aferrarse a sus ídolos. La interacción de la banda con su público se iba intensificando conforme pasaban los meses e iban haciéndose más conocidos.

En 1967, The Doors ya eran más que famosos. A punto de publicar el segundo álbum (“Strange Days”), fueron invitados al programa de televisión más popular en aquella época, The Ed Sullivan Show. De nuevo, la hipócritamente puritana sociedad estadounidense, más aún en los medios de comunicación, fue el motivo por el que apenas unos minutos antes de comenzar a tocar, el productor del programa pidió a Morrison que cambiase la letra de “Light My Fire” en la frase “Girl, we couldn’t get much higher”. Quería que evitase decir “high” (colocado) porque incitaba al consumo de drogas ilegales; y que a cambio dijese algo admisible para la televisión pública.

Morrison, además de negarse, se irritó de manera considerable con los productores. Pero toda la banda estuvo de acuerdo en hacer el cambio, por lo que nada pudo hacer y terminó por asumir que improvisaría algo menos brusco. Finalmente salieron a actuar en directo ante la audiencia americana, y, como no podía ser de otro modo, interpretó “Light My Fire” sin hacer cambio alguno en la letra original. Fueron expulsados del programa de por vida.

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En diciembre del mismo año, en New Haven (Connecticut), Jim fue detenido por la policía en mitad de un concierto, delante del público, aún sobre el escenario. Al parecer, poco antes de salir a tocar, el vocalista tuvo un enfrentamiento con un agente de la policía cuando este le interrumpió en su camerino mientras estaba con una chica. Jim se opuso violentamente a que el agente desalojara a la joven, enzarzándose en una disputa con empujones e insultos de por medio que terminó cuando el policía roció al cantante gas lacrimógeno. Al salir a escena, Morrison contó al público lo sucedido, momento en el que varios agentes de policía que realizaban su labor de seguridad del evento, subieron también al escenario y arrestaron a Morrison bajo acusación de exhibicionismo y alteración del orden público.

A medida que el joven Morrison iba adquiriendo confianza sobre el escenario, la intensidad de la respuesta de su público, ya de por sí bastante alta, también iba en aumento. En esta época, los fans de The Doors acudían a los conciertos en masa, se colaban en los camerinos, los asaltaban a las salidas de los conciertos, y lo más importante para Morrison: entraban en comunión mística a través de la música. Desde pequeño, Jim fue un apasionado de la cultura de los indios nativos americanos, en especial aquello referente a la magia y a las evasiones espirituales. En sus conciertos comenzó a tomar el rol de chamán: el público vibraba y él los conducía a la locura.

A lo largo de 1968, uno de los números principales en las actuaciones de The Doors era la interpretación del poema “Celebration of the Lizard”, por el que Jim recibía el nombre de The Lizard King, y el cual nunca llegó a ser incluido en un álbum de estudio. El Rey Lagarto era capaz de hipnotizar a la audiencia desde el escenario. Bailaba convulsivamente, en círculos, imitaba sonidos de animales y se lanzaba al suelo simulando su muerte en directo. Todo ello formaba parte del ritual del Chamán Eléctrico, como lo nombró la prensa. La gente comenzó a acudir a los conciertos, no tanto por la música sino para recibir las influencias místicas del cantante y alcanzar un nivel de locura máximo, con los consecuentes incidentes que se producían.

En 1969, antes de la publicación de su cuarto álbum “The Soft Parade”, se produjo el archiconocido incidente en el Dinner Key Auditorium de Miami. En medio de la decadencia que sufría el grupo aquel año por culpa de la afición al alcohol de Morrison, sumada al ambiente deprimido de la sociedad americana al inicio de la Guerra de Vietnam, comenzó a darse una tendencia social en las canciones y actuaciones del grupo. En esta ocasión, Jim dedicó al público un extenso monólogo en el que les invitaba a olvidar los problemas por un momento, a disfrutar, a luchar por cambiar el mundo a su gusto, en definitiva, a pasarlo bien haciendo lo que quisieran: “Ahora escuchadme, no estoy hablando de revolución, no estoy hablando de armas de fuego y disturbios. ¡Estoy hablando de divertirse! No habéis venido aquí por la música, ¿verdad? Habéis venido a buscar algo más, ¿verdad?“. Desde el público, alguien les lanzó pintura, haciendo que el cantante tornase su discurso de palabras motivadoras en una larga lista de insultos a la audiencia. El público se abalanza sobre el escenario, y en medio de la confusión, terminan dejando al cantante sin camisa y con un cordero en los brazos.

Como en otras tantas ocasiones, Jim actuaba bajo los efectos de diferentes estupefacientes, y, aunque no existen pruebas que lo corroboren, fue acusado de enseñar su miembro y simular masturbarse en el escenario.

Fue posteriormente puesto a disposición del FBI, llevado a juicio y condenado por blasfemia, exhibicionismo y mostrar embriaguez en público, a cuatro meses de trabajos forzados en la cárcel del condado de Dade, condena que nunca llegaría a cumplir ya que murió antes de que se le aplicara.

Cuarenta años después, en diciembre de 2010, la Junta de Clemencia de Florida decidió otorgarle el perdón póstumo debido a que seguían sin poder confirmar el suceso.

A raíz de este último incidente, se cancelaron uno a uno todos los conciertos de los doce que estaban concertados para su gira por Estados Unidos, por temor a que se repitieran los sucesos de aquella tarde, aunque, como sabemos, esto no detuvo la actividad del grupo. The Doors publicaron dos álbumes más, “Morrison Hotel” (1970) y “L.A. Woman” (1971). Pero por suerte o por desgracia, no se sucedieron más de las actuaciones polémicas a las que ya nos tenían acostumbrados.

Hubo una última actuación en 1971, en Nueva Orleans, para presentar el último álbum. Parecía que por un momento había vuelto el antiguo Morrison, frenético y enérgico en su actuación. Sin embargo, tras este nuevo resurgir, se sentó en el escenario y no volvió a levantarse para cantar.

La mayoría de estas poco heroicas hazañas aparecen en la película de Oliver Stone The Doors (1991), que si bien los miembros del grupo han rechazado por no ceñirse del todo a la realidad y destacar sobre todo el lado negativo de Jim Morrison, seguro que es de interés para todos los fans de la banda. Los chicos de The Doors, sin embargo, sí que han estado de acuerdo con el documental When You’re Strange (2009) de Tom DiCillo, que, a pesar de tener un estilo mucho menos fílmico que el anterior, recoge material rodado entre 1966 y 1971 en Los Ángeles, acercándose mucho a la banda en su esencia.

En definitiva, mucho tendrán que esforzarse las generaciones presentes y futuras para alcanzar el nivel de importancia e interés que suscitaron los desmadres protagonizados en tan poco tiempo por el eterno y místico líder de The Doors.