BLACK PISTOL FIRE

En 2011 debutaban los canadienses con “Black Pistol Fire”. El blues salvaje de aquel primer álbum homónimo, producido por Jim Diamond (The White Stripes, The Fleshtones, Jon Spencer Blues Explosion…), nos encandiló desde el primer momento. Los vigorosos riffs de Kevin McKeown, la contundente batería de Eric Owen y los pegadizos estribillos quedaron atrapados en nuestras cabezas.

Un año más tarde, el gran recibimiento por parte del público les impulsó a lanzar un segundo LP, “Big Beat ’59”, esta vez con Michael Rocha como productor. Este largo fue el sucesor de un pequeño tributo a Little Richard, un EP de cinco versiones muy bien llevadas a su territorio.

Ahora Black Pistol Fire han vuelto con “Hush or Howl”, demostrando que no han perdido ni un ápice de su esencia inicial. Sonidos y épocas variopintos se armonizan en una amalgama enérgica, cruda y poderosa. Este álbum ha sido el salto definitivo. Un estilo más marcado y un sonido modernizado han derivado en esta obra, que para mí supera a las anteriores.

El álbum se abre con “Alabama Coldcock”, una hiriente guitarra que se apoya en la feroz batería de Eric y unas palmas de fondo; todo liderado por la voz de Kevin al más puro estilo Jack White. Un solo chirriante deriva posteriormente en un parón con una tímida percusión y ambos miembros cantando el pegadizo estribillo para explotar de nuevo y llegar al final de este primer corte.

Dimestore Heartthrob” se abrirá ahora paso con una sugerente melodía. El poderío vocal de McKeown, un potente fuzz y los platillos de Owen se aunarán para irradiar energía y lanzarte a bailar sin control. Somos testigos de un sonido más modernizado, que bien podría ser la banda sonora del siguiente anuncio de Citroën.

En “Baby Ruthless” continuamos en la esa misma tendencia modernizada. La voz impera y llegamos incluso a acercarnos al hip-hop. Hacia el final de la canción se incluye un puente, en el que predomina el blues. Es una mezcla de las raíces y del siglo XXI, demostrando así que saben juntar diferentes texturas de forma muy elegante.

Nos adentramos ahora en “Your Turn To Cry”. Tras el frenesí con el que se abre el disco llega la hora de recuperar fuerzas de la mano de un banjo que comienza tranquilo y se enrabieta hacia la segunda mitad del tema. A pesar de la pequeña tregua, McKeown sigue aullando de la forma en que nos tiene acostumbrados.

Si pensabas que la guerra había concluido, te equivocabas. Unos segundos de silencio separan “Your Turn To Cry” de “Hipster Shakes”, el quinto corte, otro ademán de energía y vitalismo. De nuevo, un genial riff cargado de fuzz abre paso a una melodía vocal tan pegadiza que hasta la guitarra necesita entonarla. Es otra canción de picos y valles, de explosiones y parones que se intercalan repetidamente. Una vez más hacen uso de este recurso, que tan bien manejan.

Una pesada batería abre “Run Rabbit Run”, y rápidamente es acompañada por una guitarra que regresa a las raíces para invocar a Hound Dog Taylor. Ahora es precisamente a ella a quien le toca aullar. La canción tiene una estructura muy similar al primer tema, “Alabama Coldcock”, pero sin embargo, en cuanto a sonido, son muy diferentes.

En “Honeydripper” volvemos a los sonidos modernizados. Un auténtico cañonazo en el que encontramos numerosos cambios en el tempo y en la melodía. El estribillo es totalmente indescifrable, pero tan pegadizo que no puedes evitar inventarte la letra para cantarlo a pleno pulmón. Al final nos encontramos con el solo de guitarra más largo  y poderoso del disco.

Más cambios de ritmo en “Blue Eye Commotion”, una de las canciones más cortas del trabajo. Corta pero intensa. Unos versos tan seguros que no necesitan apoyarse en ninguna guitarra abren camino a un estribillo enardecido que en todo momento es escoltado por una rabiosa batería.

Don’t wanna talk about it, don’t wanna kiss about it, can’t you hush or howl it?” cantan en “Hush”, insinuando que otros tal vez estén indecisos, pero que ellos, sin dudarlo, han optado por aullar. Y muy fuerte. Un riff implacable, bendings agresivos y un charles desbocado nos guían a través de un viaje turbulento y, cuanto menos, impredecible. Una verdadera descarga de hard blues.

El penúltimo corte, “Show Pony”, abre con uno de esos riffs que te deja en vilo, uno de esos riffs que después de las primeras notas intercala un breve silencio y no sabes cómo va a acabar. De nuevo, muchos giros a lo largo del tema para que disfrutes hasta el último resquicio.

Cerramos con “Grease My Wheel”, otra dosis de bluegrass que nos transporta a la América profunda. Un banjo y una armónica lideran el último corte del álbum, y el más breve. Así despiden los canadienses este trabajo, un largo que te conduce a un incesante vaivén, un paso continuo del éxtasis al sosiego, a un sosiego que sabemos que durará poco y nos mantiene alerta, expectantes.


Black Pistol Fire – Hush or Howl


  • Pese a que la estructura de los temas es similar, la variedad y los contrastes imperan ya no solo entre los distintos cortes, también en las canciones en sí, alejándonos de la monotonía.
  • Han conseguido definir aún más su estilo y han demostrado dominar una amplia gama de sonidos.
  • Energía y diversión como bandera, y lo han mantenido durante los treinta minutos del elepé.

  • Letras contundentes y pegadizas, pero totalmente ininteligibles. Incluso a un nativo le costaría descifrarlas.

PÁGINA DE ARTISTA

8.3

Ya nos lo dejaron entrever desde el principio con el título, “Hush or Howl” (Calla o Aúlla). No hay lugar para el término medio. El dúo ha sabido combinar texturas contrapuestas de forma impecable. Frío y calor, blanco y negro, aullidos y silencio conviven en armonía y se complementan, haciéndonos disfrutar del álbum de principio a fin.