Desde hace varias décadas el día 3 de febrero es recordado universalmente como “El día que murió la música”, nombre con el que Don McLean bautizó con su eterna canción “American Pie” aquel fatídico día en el que el Rock ‘n’ Roll quedaba huérfano.

Y es que en la madrugada del martes 3 de febrero de 1959 una serie de acontecimientos sucedidos en cadena concluyeron con la muerte de tres jóvenes estrellas del rock tras estrellarse la avioneta en la que viajaban con destino Moorhead, Minnesota. Buddy Holly, Ritchie Valens y JP ‘The Big Bopper’ Richardson, las tres últimas voces que cerraron la primera oleada del rock ‘n’ roll en EEUU.

La ruptura con su anterior grupo, The Crickets, dejó al cantante y compositor Buddy Holly en una precaria situación económica que le empujó a iniciar, junto con otros grandes músicos, una convulsa gira de conciertos, la llamada Winter Dance Party, en la que recorrerían más de 24 localidades en menos de tres semanas. Junto con Buddy, Ritchie y Bopper viajaban el bajista Waylon Jennings, el guitarrista Tommy Allsup, y el batería Carl Bunch.

el-dia-que-murio-la-musica-3En medio del caos que supuso la desastrosa planificación de fechas y lugares en los que tocarían, incluyendo citas improvisadas y cambios de localización apresurados, el crudo invierno se hizo notar la noche del 2 de febrero cuando la calefacción del autobús en el que se desplazaba la banda se estropeó, dejándoles con un viaje de 300 km por delante a unos 30ºC bajo cero. Ante esta situación, Buddy decidió alquilar una avioneta para volar esa misma madrugada a Moorhead, y contrataron a un joven e inexperto piloto, llamado Roger Peterson. La avioneta sólo podía transportar a la mitad de los músicos, y que Ritchie Valens y ‘Bopper’ fueran sus acompañantes se debió al azar.

Así pues, tras finalizar el concierto en Clear Lake, Iowa, la avioneta despegó con los tres músicos, declarándose su desaparición apenas una hora después. Según parece, el mal tiempo y la escasa experiencia del piloto fueron los causantes de que a la mañana siguiente se encontrase la avioneta estrellada en un campo de maíz junto con los cuerpos de los tres músicos, que fallecieron en el accidente de manera instantánea.

El accidente conmocionó al mundo de la música, en especial por la muerte de Buddy Holly, quien años después, en el renacer del rock ‘n’ roll con la oleada británica de los sesenta, se convertiría en uno de los músicos más influyentes del género. Este acontecimiento fue considerado como el último capítulo de una época, pues se cobraba la vida de los últimos intérpretes del género que se hallaban en activo. Con Elvis Presley enrolado en el ejército, Little Richard dedicándose a la música gospel, y Chuck Berry en la cárcel por haberse visto envuelto en delitos sexuales, todo indicaba que se daba fin a la era del rock.

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A diferencia del manto de silencio lúgubre con el que se cubrió EEUU, en Inglaterra las reacciones fueron mucho más sonadas: su último single “It Doesn’t Matter Anymore”, publicado de manera póstuma, llegó al número uno en Reino Unido y entre la juventud ya se intuía el caldo primigenio que, abanderando el espíritu de Buddy, asentaba inocentemente las bases del posterior resurgir del rock.

Son muchas cosas las que podríamos contar acerca de las repercusiones que tuvieron la vida y muerte de Buddy Holly, desde el mismísimo nombre de The Beatles como guiño a The Crickets, pasando por la película The Buddy Holly Story (1978) bajo la dirección de Steve Rash, hasta sinfín de versiones que grandes del rock han hecho de sus canciones. Muchos han sido los que no han dejado nunca morir a Buddy, pero esta vez hemos querido destacar el que posiblemente sea uno de los más hermosos homenajes que se le han hecho en la historia: la anteriormente mencionada “American Pie” de Don McLean. Si bien la elaboradísima letra de esta canción narra diez años de historia musical estadounidense, sabemos por boca del autor que está inspirada y dedicada a Buddy.

Conocida por el mundo doce años después, la canción fue un éxito absoluto en todo el mundo y, manteniéndose durante cuatro semanas como número uno en EEUU, fue calificada por La Asociación de la Industria Discográfica de EEUU como la quinta mejor canción del siglo XX.

A lo largo de sus casi cien versos, iniciando la historia “A long, long, time ago… […] the day the music died…”, nos habla de cómo América se ve obligada a madurar repentinamente, dando fin a la década idílica que fueron los 50 y entrando en la dura madurez americana de los 60, con la muerte de Kennedy, Luther King y la Guerra de Vietnam.

De esta manera, y siempre evitando hacer menciones demasiado explícitas, nos habla del éxito de Los Monotones, “The Book of Love”, y de cómo el R&B comenzó a incorporarse a la escena religiosa. Se ensaña especialmente con Bob Dylan, al que tacha de bufón y señala de inmerecida su subida al lugar que un día ocupó Elvis Presley; también con la deriva política de The Beatles y su “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” “While sergeants played a marching tune…”. Incluso hace mención al incidente protagonizado por Charles Manson inspirado por el “Helter Skelter” del Fab Four.

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Y mientras, “Oh, and there we were all in one place… en Woodstock (1969) toda una generación se encontraba “Lost in space” con el Apollo 11, el “Space Oddity” de David Bowie, y probablemente también con otro tipo de sustancias.

En el mismo año, The Rolling Stones volvieron al panorama musical con su Jack Flash sat on a candlestick” y organizan el Altamont Speedway Free Festival durante el cual los Ángeles del Infierno, contratados como seguridad del evento, asesinaron a un hombre negro.

Al final de la canción, McLean vuelve a retomar el lamento por la pérdida de las tres jóvenes estrellas, “The Father, Son and Holy Ghost…” que hicieron su último viaje el día que murió la música. Así que, “bye, bye, Miss American Pie…”. Ellos, nosotros, todos, volveremos una y otra vez a entonar este himno histórico que tras varias décadas sigue erizando algunas pieles y sacando algunas lágrimas.