Fue algo parecido a un pasaje bíblico. El hombre humilde que se enfrenta a los truenos y a los relámpagos guiando a un pueblo que camina por el lodazal hasta donde se pierde la vista… Es exagerado, pero lo cierto es que un solo músico tocó en medio de una tormenta para el público posiblemente más numeroso congregado en un concierto de rock. Todos hablan de Woodstock, hablemos también de Watkins Glen y empecemos por el principio.

El antiguo testamento de esta historia podría situarse en 1961 cuando Garth Hudson (Ontario, Canadá, 1937) se une a The Hawks, la formación liderada por Ronnie Hawkins, que más tarde pasaría a denominarse The Band. Hudson tenía que ser músico. Sus padres ya lo eran y le proporcionaron una importante formación musical. Hudson ya componía música con 11 años y pronto se convirtió en un instrumentista de solvencia.

Tanto es así que sus compañeros en The Band (Robbie Robertson (guitarra y voz), Levon Helm (batería y voz), Richard Manuel (teclados) y Rick Danko (bajo)) supieron desde el principio que Hudson era un pilar fundamental, independientemente de que no recayera en sus espaldas el peso compositivo. Hudson era, por así decirlo, el guía espiritual de las creaciones de The Band.

Pero el músico tenía el problema de que no podía decirle a sus padres que, tras la formación recibida, se había unido a una caterva de músicos de dudable reputación. Así que aceptó unirse a la banda si lo hacía en calidad de profesor de música, a 10 dólares la hora. Así fue. The Band tuvo a su músico y Hudson honró a sus padres.

Después la historia de The Band es conocida. Dan el primer gran salto al ser la banda de acompañamiento de Bob Dylan durante su ‘Gira de la Traición’ de 1965, en la que de icono folk pasó a revolucionar la música rock para desconcierto de sus seguidores más ortodoxos. Pero, en 1966, Dylan tuvo un accidente de moto que le dejó incapacitado para seguir actuando y se refugió con sus músicos en una casa que éstos compartían en Woodstock.

Muchos conocen a Garth Hudson porque fue el encargado de acondicionar el sótano de la casa con la microfonía necesaria para grabar sesiones maratonianas de ensayos de Bob Dylan con The Band. Fruto de aquellas grabaciones es el disco “Basement Tapes”, que décadas después ha sido reeditado con nuevas grabaciones de Hudson.

Pero la historia que nos ocupa es otra. Tras las andadas con Dylan, The Band está lista para cabalgar en solitario. Un exitoso camino, aunque corto, que iniciarán en 1968 con “Music from Big Pink”. En aquel disco se incluye una canción titulada “Chest Fever”, a la que Hudson daba introducción habitualmente en los conciertos con un solo de órgano titulado “The Genetic Method”. Una brillante pieza en la que su destreza, su formación y su sentido melódico quedan más que plasmados.

Además, Hudson, que no era un músico al uso, utilizaba un órgano Lowrey en lugar del Hammond tradicional de otros instrumentistas como él. Otros que lo utilizaron fueron los Beatles en la canción “Lucy in the Sky with Diamonds” o The Who en “Baba O’Riley”. Se trata de un órgano eléctrico que permitía automatizar acompañamientos y que inicialmente se concibió para uso doméstico.

En medio del éxito The Band toca en Woodstock en agosto de 1969. Si bien, no se trató para nada de una de sus actuaciones más memorables; nunca se caracterizó por ser una banda de grandes recintos.

Aun así repitieron en Watkins Glen (Nueva York) el 28 de junio de 1973. La historia de este festival no es masivamente conocida como la de Woodstock, pero también merece ser contada… Entre otras cosas porque contiene nuestro pasaje bíblico.

Cierto es que Woodstock congregó en varios días de actuaciones la flor y la nata del rock del momento (exceptuando nombres como Bob Dylan o Rolling Stones), mientras que Watkins Glen se concibió como un festival de un solo día con un cartel formado únicamente por Grateful Dead, The Band y The Allman Brothers Band. En un primer momento el hueco de The Band iba a ocuparlo Leon Rusell.

Por otro lado, Woodstock se celebró en un ambiente marcado por la guerra de Vietnam y el apogeo del movimiento hippie, un contexto de compromiso político social que en Watkins Glen ya había pasado algo de largo. Sólo quedaban para entonces las ganas de pasarlo bien.

Para colmo, las crónicas hablan de un festival tedioso en el que Grateful Dead tocó durante cinco horas, The Band unas tres horas y Allman Brothers otras cuatro. Todas ellas con interminables solos de guitarra.

Pero lo cierto es que si en Woodstock se dieron cita unas 400.000 personas, en el Watkins Glen Grand Prix Railway se congregaron unas 600.000, aunque sólo 150.000 habían comprado la entrada.

El día antes de la celebración del concierto, la multitud reunida en el recinto era desbordante. La misma prueba de sonido de las bandas se convirtió en un concierto en sí mismo. Cálculos extraídos del libro “Aquarius Rising: The Rock Festival Years” de Robert Santelli señalan que uno de cada 350 norteamericanos estuvo en aquel concierto y que, si se tiene en cuenta que en su mayor parte se trataba de jóvenes de entre 17 y 24 años del noreste estadounidense, uno de cada cuatro de estos jóvenes entre Nueva York y Boston estaban en el festival.

Ante dicha muchedumbre, The Band salieron al escenario cuando una gran nube de tormenta amenazaba ya en el horizonte. Lo que aconteció a continuación lo recogen Greil Marcus en su libro “Mystery Train: Images of America in Rock ‘n’ Roll Music” y el propio Levon Helm en “This Wheel’s on Fire”.

Una hora después de empezar a tocar la tormenta se desató sobre Watkins Glen obligando a The Band a abandonar le escenario. El parón duró una media hora. Pero, como escribió Helm, quizás el cielo acabó por despejarse porque Hudson, con su música, ‘controló los elementos’.

Después de que todos los músicos hubieran abandonado el escenario, Hudson volvió y se sentó a los mandos de su órgano como cuando interpretaba “The Genetic Method”, él sólo, para 600.000 personas. Esta vez improvisó sin que le temblaran las manos un tema con tintes a ratos épicos, a ratos rock y soul, hasta levantar los aplausos del público bajo el aguacero.

Uno de los hombres más humildes que ha dado la música rock se enfrentó a tan desproporcionado público mientras los truenos sonaban de fondo y Watkins Glen se convertía en un auténtico lodazal. Un momento realmente mágico.

No se dispone de grabaciones en vídeo de aquel momento, como ocurre con Woodstock (esa es otra de las razones del desconocimiento masivo de Watkins Glen). La razón es que Grateful Dead no dio el consentimiento para ello. Pero Columbia Records editó en 1994 un disco supuestamente con la actuación de The Band. No se trata en su conjunto de la actuación auténtica. Tan sólo recoge grabaciones de conciertos anteriores remezcladas e incorpora sonidos de ambiente para intentar recrear la atmósfera del concierto.

Ahora bien, hay al menos tres extractos auténticos de Watkins Glen en ese disco. La presentación de la banda que realiza al inicio el promotor del concierto Bill Graham, una pista titulada “Jam”, el antepenúltimo corte del concierto, y también una quinta canción recogida bajo el nombre de “Too Wet To Work” (“Demasiado húmedo para trabajar”). Esa quinta canción se inicia con un trueno que estremece, de proporciones bíblicas. Amén.