Nos situamos en Birkenhead, Reino Unido, donde en 1986 nace Miles Peter Kane. Crece escuchando discos de la Motown, Bowie y Los Beatles (entre otros), pero es el momento en el que escucha el “(What’s the Story) Morning Glory?” de Oasis cuando decide que quiere ser cantante o guitarrista.

Con tan sólo 18 años y esa premisa formaba parte de la banda The Little Flames, constituida por Eva Petersen (vocalista), Greg Mighall (batería), Jo Edwards (bajo), Matt Gregory House (guitarra) y Miles Kane (guitarra). Obtuvieron un relativo reconocimiento pero, sin embargo, la banda se disolvió cuando sus miembros decidieron tomar caminos musicales diferentes.

A continuación, Kane junto con Mighall y Edwards fundaron The Rascals. Miles adoptó el papel de compositor principal y en 2007 lanzaron su EP debut “Out Of Dreams”. No cosechó muchos éxitos a pesar de contar con cuatro temas fuertes y una personalidad rockera muy definida, pero acompañaron a los Arctic Monkeys en la gira de ese mismo año como teloneros. En 2008 publicaron su primer álbum, “Rascalize”, y un año después, en 2009, Kane dejaba el grupo.

Durante la gira antes mencionada, Miles empezó a colaborar con Arctic Monkeys. Suya es la guitarra en “505” y en las caras B de “Fluorescent Adolescent”. Miles Kane y Alex Turner forman The Last Shadow Puppets y comienzan a grabar en 2007 el primer álbum, “The Age Of The Understatement”, que cuenta con arreglos de la London Metropolitan Orchestra.

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Volviendo a su marcha de The Rascals en 2009 con 23 años, Miles Kane comienza su carrera como solista, y dos años después lanza su álbum debut “Colour Of The Trap“.

Temas sencillos, directos, lo mejor del estilo beat sesentero y del britpop inglés de los 90. Tanto letra como melodía están cuidadas al máximo, en un esfuerzo exquisito por fusionarlas y que sean un todo. Kane se muestra versátil, apasionado, con determinación y seguridad en sí mismo. Nos muestra unos ritmos ya escuchados varias épocas atrás; realmente no hay ninguna innovación musical, y sin embargo consigue crear un sonido propio.

En sus propias palabras: “He hecho un álbum de Rock ’n’ Roll, nadie está haciendo lo mismo en este momento y definitivamente creo que hay demanda de ello”.  Efectivamente, los riffs de guitarra evocan a los maravillosos años 60. Sin embrago, introduce trémolo y pedales phaser en un esfuerzo por dar una vuelta al sonido del rock clásico.

La estética de la Beatlemanía es utilizada como una carta de presentación (suponemos también que como parte de marketing). Nos trae lo que hemos visto mil veces ya porque, ¿quién no ha querido ser como The Beatles? Todos hemos querido en algún momento emular a nuestros ídolos y sin embargo Kane se atreve a más. Recopila toda esa época y la trae al presente. Nos demuestra que no ha pasado de moda, que sigue tan vigente como entonces. Aunque pensemos que aquello fue hace muchos años, que es cosa de nuestros padres, hace evidente que nos siguen gustando las mismas cosas. Además deja su huella personal en este flashback. Simplemente magnífico.

El álbum empieza fuerte con “Come Closer”. De ritmo claro y fuerte, pegadiza. Los coros nos involucran de lleno en el álbum. Reverencia al riff de los Stones en “Satisfaction”. Seguida por “Rearrange”, donde Kane se esfuerza en dejarnos claro que lo suyo con la guitarra es más que habilidad. Una carta de presentación inmejorable.

Con “My Fantasy” Kane se vuelve más melódico y la letra empieza a estar más elaborada. Levantó mucho revuelo debido a la colaboración de Noel Gallagher, cuya voz se deja notar en un discreto segundo plano. Es evidente la influencia de Marc Bolan en esta canción.

Counting Down The Days es una de esas canciones que todos nos imaginamos como tema de apertura en una película de James Bond. La línea del bajo queda claramente marcada y la melodía nos traslada directamente a los años 60.

Tarareos y susurros en un bonito dúo con la actriz francesa Clémence Poésy a continuación. En “Happenstance” prevalece la parte instrumental sobre la letra por la sutileza de esta última, al más puro estilo Nancy Sinatra. “Quicksand” se convierte en la canción más pop de todo el disco. Rápida, divertida y colorida. Nos transporta, de nuevo, a los primeros años de la década de 1960.

La directísima “Inhaler” está escrita para ser una más (la letra no dice mucho y su desarrollo es escaso, pero tampoco lo necesita). Sin embargo, es rock puro. La seguridad con la que se impone la voz de Kane y los solos de guitarra la elevan a uno de los puntos fuertes del álbum. Buen ejemplo de cómo una canción sin mucho desarrollo lírico consigue destacar.

En “Kingcrawler” la batería destaca notablemente introduciendo un nuevo ritmo y, con ello, un giro en el álbum. Vuelve a plasmarse la versatilidad de Kane. Su voz se adapta y sobrepasa este ritmo mientras las guitarras nos siguen recordando el trasfondo rock de este tema.

Volvemos a un ritmo más pausado con “Take The Night From Me”. No puede faltar la faceta más sensible y vulnerable de Miles describiendo la frustración de perder al amor de su vida. “Take this night from me girl… You’re stunningly divine… You’re the love I’ve been searching for cos I will be true and be faithful”.

Tema psicodélico donde los haya. “Telepathy” es una canción donde la letra es buena aunque escasa, y Kane reafirma su virtuosidad con la guitarra. El acierto es absoluto. “I can feel you searching round my brain… Looking for a way to make a wave… Falling out and in, in and out again until our falling thoughts cascade together”.

La guitarra de John Lennon en “Cold Turkey” queda más que presente en “Better Left Invisible”. La adapta a la nueva melodía, pero los acordes están ahí y la reminiscencia del pasado queda recordando los orígenes y las influencias. “I know that’s so blatantly “Cold Turkey”, but I love Lennon so much and I’m not afraid to show it. So fuck it” (“Sé que es descaradamente “Cold Turkey”, pero me encanta Lennon y no tengo miedo de mostrarlo. Así que a la mierda”). Y es cierto, Kane ha reconocido a Lennon como una de sus mayores influencias. “Mi canción favorita es “Gimme Some Truth”. Cuando la escuché, cambió mi vida. […] Me hizo cantar de la forma en que lo hago”.

Nos regala una lenta para terminar. “Colour Of The Trap”, no tan empalagosa como “Take The Night From Me”, es sentimental pero concisa. La voz, casi un susurro, pidiendo a la chica que no se vaya, es el perfecto cierre del disco y la clave para dejarnos con ganas de más. Guitarras, bajo, teclado y batería igualan (salvando las distancias) al acompañamiento instrumental de Lennon en la desgarradora “Mother”. Sin perder de vista la letra “If you’d just get it together and read my mind… Then sleeping would be easy”, es una de las composiciones de las que más orgulloso se siente Kane. Simplemente perfecta.


Miles Kane – Colour of the Trap


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  • Kane despunta en su debut como solista con un disco versátil y lleno de confianza. Álbum con 12 canciones de las que ninguna es prescindible.
  • Las influencias de los grandes de la música (Lennon, T-Rex, Oasis, etc.) son claras. Kane no se esconde. Nos vuelve a traer lo que ya conocíamos y con un sello personal.

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  • Se podría decir que no arriesga y apuesta por lo seguro en su primer disco en solitario. Sin embargo, ¿qué mejor forma de empezar que teniendo en cuenta el pasado, traerlo al presente y hacerlo propio?

PÁGINA DE ARTISTA

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6.7

“Colour Of The Trap”, álbum debut de Miles Kane como solista, hace honor a sus raíces británicas y nos desgrana el mejor rock haciendo suyas influencias que van desde los años 60 hasta la actualidad. Un disco lleno de versatilidad en el que Kane se asegura de tocar todos los palos. Cuenta con colaboraciones de Alex Turner, Noel Gallagher y Clemence Poésy, asegurando 39 minutos del mejor sonido; melodías llevadas a la máxima definición y letras impecables. Una inmejorable carta de presentación gracias a la que se impone como compositor garantizándose un puesto entre los grandes. Todo un lujo para el oído.