THE DOORS

La década de los sesenta fue una de las más prolíficas (por no decir la que más) para la historia del rock. La Invasión Británica pura de los primeros años con The Beatles y Rolling Stones a la cabeza (sin olvidarse de The Kinks o The Who) se desvanecía mientras una atmósfera hippie, de liberación y experimentación emergía. Y ese movimiento sin precedentes se expresó también en diferentes bandas como The Doors, Jefferson Airplane o Janis Joplin, que entre caminos lisérgicos encumbraron una década dorada para la música.

Ahora bien, lograr que tu álbum debut siga siendo considerado uno de los mejores de la historia tantas décadas después tiene que ser por algo. Y es que lo que empezó siendo una improvisación entre compañeros de universidad acabó por convertirse en una de las bandas más importantes de la historia del rock gracias a que todos los miembros jugaban un papel primordial en la formación. Ray Manzarek con su peculiar teclado Fender Rhodes Piano Bass que sonaba como su nombre indica, como un bajo, no podría haber deslumbrado sin la compañía de la batería de John Densmore o sin los flamantes guitarreos de Robby Krieger.

Pero claro, ahí faltaba algo, algo tan grande como Jim Morrison, figura principal del grupo y eminencia del rock, que con su abisal voz con raíces de blues psicodélico y su estilo fresco enfundado en aires rebeldes completaba The Doors para abrirse paso a través de las puertas de la percepción, para abrirlas y, como decía un verso del poeta William Blake (del cual toman su nombre), mostrar al hombre las cosas tal y como son, infinitas. No son pocas las anécdotas del frontman de The Doors que le enemistaron con la ley, aunque eso no hizo sino engrandecer la leyenda de un icono, enaltecido aún más, tras su trágica y prematura muerte con 27 años.

[pullquote]Texturas ácidas y la experimentación impregnan este disco que significa las primeras pinceladas lisérgicas de The Doors.[/pullquote]

Abriéndose camino hacia el otro lado comienza el álbum debut de estos californianos, “Break On Through (To the Other Side)“, clásico entre los clásicos de The Doors con uno de los ritmos más rápidos que compusieron en su corta trayectoria, con una base guitarrera en los estribillos formidable y un solo de teclado de Manzarek inconfundible. Contrastando con la fuerza de este primer track aparece “Soul Kitchen“, abriéndose a través del teclado al que se suma una suave y sutil guitarra para dar paso a Morrison, cuyos alaridos comienzan siguiendo la instrumentación pero cogen fuerza progresivamente y vuelven a dejar paso a los instrumentos para que la guitarra de Krieger se alce con el protagonismo casi al final sin que el teclado cese de llevar el hilo.

En esa línea calmada continúa “The Crystal Ship“. Un piano clásico conduce a un Morrison que lleva su gusto por la poesía a este tema, del que también se dice que inspira su título en una plataforma petrolera de la costa de Santa Bárbara, que por la noche se iluminaba como si fuera un barco de cristal.

Quizás “The Cristal Ship” puede haberte inducido en un placentero sueño, pero con “Twentieth Century Fox” es imposible no abrir los ojos y prestar atención. No exhibe un ritmo arrollador, pero este corte con base de blues y un solo de guitarra atractivo fluye perfectamente, de nuevo, gracias a Manzarek y su teclado.

Pero hechizantes de verdad son los compases iniciales de “Alabama Song (Whisky Bar)“, basados en una ópera alemana que contrasta con una letra menos profunda, más mundana, hablando sobre lo que el título nos avanza. Y, cómo no, es el teclado al final de cada verso el que se llena emitiendo unos sonidos enigmáticos y misteriosos que sorprenden. “Oh, moon of Alabama we now must say goodbye, we’ve lost our good old mama and must have whisky, oh, you know why…“.

Justo a la mitad brota otra de las pistas más destacadas de The Doors, “Light My Fire“, una obra maestra que se presenta a sí misma con la esencia de los de Morrison. Teclado tajante sobre el que se apoyan guitarra y batería antes de que Jim empiece con eso de “You know that it would be untrue, you know that I would be a liar if I was to say to you… Girl, we couldn’t get much higher…” dando paso a un simple pero eficaz estribillo: “Come on baby, light my fire, come on baby, light my fire. Try to set the night on fire, yeah…“. Un interludio instrumental divide las dos partes más claras de la pieza que es por separado otra belleza psicodélica inmejorable.

La segunda parte del elepé comienza con “Back Door Man“, un cover de Willie Dixon en el que también se han inspirado otras bandas como Led Zeppelin con su verso “I wanna be your backdoor man” en “Whole Lotta Love”. Es por tanto una pista con origen blues en la que Morrison aparece con ruidos extraños y aullando para presentárnosla.

[pullquote]”Break On Through (To the Other Side)”, “Light My Fire” y “The End”, tres históricos tracks del rock presentados en su justo momento en este álbum.[/pullquote]

Manzarek nos deleita de nuevo en “I Looked at You“, en esta ocasión con un solo de órgano, además de un veloz ritmo para convertir esta pieza en una composición con aires más rockeros.

End of the Night” es, sin duda, otra de las mejores muestras psicodélicas del largo, que gracias a la guitarra de Krieger con efecto de trémolo crean una atmósfera espacial y ácida. Su fatigado y punzante solo también merece alusión, anexándose a los berridos de Morrison que narran una letra simple y repetitiva, pero gracias a los instrumentos nos transmite la sensación de que más duración sería bienvenida.

https://www.youtube.com/watch?v=5-0bqonqooo

De “Take it as It Comes“, penúltima pista del disco, podemos decir que Manzarek sobresale (una vez más). Su teclado hace fluir tanto la guitarra como la batería, y los solos con el órgano Vox Continental son más que excepcionales. “Take it easy, baby. Take it as it comes…“.

[pullquote]Manzarek, siempre a la sombra de Morrison, engrandeció a The Doors gracias a su habilidad a los teclados.[/pullquote]

Y, finalmente, para acabar, ¿qué mejor composición que “The End“? Un órgano de fondo, una sección de guitarra con texturas de Medio Oriente y una batería potente y tenaz para que Morrison regale quizás una de sus mejores letras (y también de las más polémicas), que fue censurada en el bar Whisky a Go Go donde comenzaron a hacerse oír por los versos de “Father? / Yes, son? / I want to kill you… / Mother… I want to… fuck you…“. Ese “fuck you” desencadenó una ola de críticas y obviamente en la versión de estudio se sustituye por unos, también característicos, gritos de Morrison. Sin duda otra maestría psicodélica, perfecta, que pone el final al debut de una banda que desgraciadamente sólo duraría ocho años pero este no sería más que el primero de todos entresijos que nos abrirían los Doors.


The Doors – The Doors


  • Una obra maestra del blues psicodélico de The Doors como uno de los mejores discos debut de la historia.
  • “Break On Through (To the Other Side)”, “Light My Fire” y “The End”, tres históricos tracks del rock presentados en su justo momento en este álbum.
  • Primeros pasos de un Manzarek, que siempre a la sombra de Morrison, engrandeció a The Doors gracias a su habilidad a los teclados.

  • En algunas fases del disco su ritmo resultará, para algunos, somnoliento y no agradable.
  • El poco rédito que recibe un guitarrista espléndido como Krieger.

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9.0

Uno de los mejores debuts de la historia montado en una década dorada para el LSD, donde las texturas ácidas y la experimentación tuvieron como consecuencia este disco que significa las primeras pinceladas lisérgicas de The Doors.