ICEAGE

El cuarteto danés Iceage no son ni mucho menos un producto de medios o una banda que se esté constantemente escuchando en radios ni dejándose ver en webs de todos los rincones del mundo, pero escuches la canción que escuches, sabes que tienen algo que los diferencia. Siguen su propio camino en una era en la que, como temía Joe Strummer, el punk rock parece haber sido enterrado o, al menos, parece estar escondido muy profundamente para resurgir en algún momento. Quizás estos Iceage sean los encargados de hacerlo renacer.

El propio Bono, vocalista de U2, declaró que antes se intentaba huir del concepto de rock and roll puro, pero ahora se está volviendo a él, a abrazarlo. Esto se produce en una etapa en la que muchos vaticinan (sin duda apostamos que erróneamente) la muerte del rock. Estos daneses tratan de realizar exactamente eso, volver a las raíces de un punk rock que por momentos nos recuerdan levemente, por ejemplo, a The Clash.

En tan sólo cuatro años ya han presentado tres álbumes de estudio, este último (“Plowing Into the Field of Love”) en octubre de 2014, y demuestran una madurez musical sorprendente dada la edad de todos ellos, nacidos en 1991 y 1992, es decir, entre 22 y 23 años. Este elepé, combinando la fuerza cercana al hardcore y parte del nihilismo de aquel breve submovimiento punk como el No Wave revela también una sustancial evolución.

Sus dos anteriores trabajos no parecían indicarnos tampoco esta transformación y experimentación con, por ejemplo, sonidos de piano baladescos o dinámicos toques de country rock. Para ellos son nuevos ingredientes que no aparecían en sus dos primeros largos, pero no coquetean con elementos alejados del punk como pudieran ser sintetizadores o texturas electrónicas. Evolución sí, pero sin perder el horizonte ni cortando las raíces que comenzaron a arraigar en 2011.

On My Fingers” rompe el hielo de los daneses para mostrarnos esta evolución, introduciendo el piano para que conduzca la melodía, un instrumento que nadie se atrevería a pensar que podrían llegar a ser capaces de incrustar en su música. Los guitarreos y el bajo se muestran sólidos mientras Rønnenfelt con su característica áspera y consumida voz que tan bien conecta con sus letras hace lo propio, “I don’t care whose house is on fire as long as I can warm myself at the blaze of burning furnish, cherished photographs…“. Un track que no termina de explotar pero que nos deja claro que este álbum no es simplemente más del arsenal que les pudo quedar de su disco del año pasado, “You’re Nothing” (2013).

Esa sensación que nos deja de que no acaba de romper nos lleva al primer single del elepé, “The Lord’s Favorite“, donde nos muestran su lado más desenfadado, humorístico, pero a la vez crítico e irónico. Un riff country en unas ligeras guitarras para esa sátira en la que el vocalista, al parecer borracho, parece estar pasándolo bien y satisfaciendo todos sus deseos y excesos, por lo que dice que para ello tiene que ser el favorito del Señor. Como vemos, un concepto de hipocresía y contradicción que se explora más veces en el LP.

How Many” presenta un profundo piano de fondo, incesante, sobre el que se apoyan unas guitarras que parecen más molestar en el sonido de la melodía que mejorarlo. Una reflexión sobre la apatía que envuelve al protagonista, atrapado en un cuerpo que no actúa sobre el pensamiento, que tiene un sentido de utopía, de lo que debe realmente hacer. Un tono más sombrío gracias a la unión del piano con los rotos aullidos de Rønnenfelt que es aún más notable en “Glassy Eyed, Dormant and Veiled“, una historia de un hijo separado de su padre nada más nacer. Los rápidos baquetazos de Dan Kjær Nielsen junto con la aparición de la trompeta dan sentido a esta laberíntica pieza.

En “Stay” podemos escuchar la voz más limpia y natural de Rønnenfelt, al contrario que en “Let It Vanish“, donde una batería a través de un ritmo casi militar que se prolonga hasta el final nos sumerge en este corte húmedo y oscuro, característico del sonido de Iceage.

La cara B del disco abre con otro de los platos destacados de este álbum, “Abundant Living“, gracias a la gama de colores instrumentales que nos ofrecen y destacando al bajista Jakob Tvilling Pless que en este caso hace uso de una mandolina con retazos gaélicos. La pista más corta convertida en un hit punk aniquilador con el que dan ganas de saltar y brincar. “And when I fall, I’ll bring it all… Down here with me soaked in alcohol…“.

Forever” regresa de nuevo a la sequedad y tosquedad, además de ese sentimiento de contrariedad e hipocresía que como observamos reaparece. “I always had the sense that I was split in two… It seems so complicated…“. Las trompetas emergen sumándose a la perfección.

Nielsen con su batería es de nuevo el encargado de introducirnos una canción, en este caso “Cimmerian Shade“, donde unas pesadas guitarras suenan agresivamente una contra otra. Son las trompetas las que en este caso nos dan la bienvenida a “Against The Moon“, en la que también un agudo piano se prolonga mientras nos hablan sobre perder el tiempo, buscando un amor que nunca llegará. Este tema, cuya riqueza instrumental en ese diálogo entre trompeta, guitarras entumecidas, piano y una voz menos desgarrada está inspirado en el cuadro Pissing Against the Moon de Pieter Bruegel, parece impropio de una banda que nos ha presentado himnos punk demoledores, pero la grandeza de este tercer trabajo reside exactamente en esa evolución.

Simony“, penúltimo corte de “Plowing Into the Field of Love”, retorna al sonido anterior, con mayor presencia de guitarras y batería para llegar al track que da nombre al disco, “Plowing Into the Field of Love“, el cual comienza con las líneas “All those brash young studs, they have no idea what its like up here” como declaración de intenciones, cogiendo fuerza a partir del minuto y medio y desembocando en unos afectivos estribillos donde vuelve la trompeta para cerrar una obra que refleja el crecimiento y el progreso de una banda que no son ni una fábrica de hits para masas ni unos jóvenes que sólo golpeen sus instrumentos para quejarse de todo.


Iceage – Plowing Into the Field of Love


  • Una madurez repentina, que nadie esperaba en el 2013 pasado cuando presentaron su segunda obra.
  • Una riqueza instrumental manifiesta que nos deja clara la evolución de Iceage, sin que por ello hayan perdido su esencia punk.
  • La desgarrada voz de Rønnenfelt se compagina a la perfección con los instrumentos.

  • La voz de Rønnenfelt más allá de que te guste o no, por momentos se vuelve difícil de comprender.
  • Con este desarrollo e incorporación de nuevos instrumentos se echa en falta más protagonismo de los mismos en algunos tracks, donde la voz se sobrepone.

PÁGINA DE ARTISTA

8.6

El cuarteto danés presenta su tercer trabajo tan sólo un año después de “You’re Nothing”, denotando, sorpresivamente, una madurez instrumental incorporando nuevos elementos que les ayudan a crecer y ampliar fronteras. Sin ser una banda que quiera darse a conocer a través de singles pegadizos y sin más, van por buen camino.