La psicodelia vivió una etapa dorada en la década de 1960, y desde sus primeros pasos en Estados Unidos fue expandiéndose por todo el mundo, con bandas por todos conocidas como The Doors, Jefferson Airplane o artistas como Jimi Hendrix (estadounidense que formó su The Jimi Hendrix Experience en Inglaterra). Es en Gran Bretaña donde el rock psicodélico encontró un lugar para asentarse gracias, entre otros, a The Beatles, The Yardbirds (primera banda de Eric Clapton y Jimmy Page), Cream o los propios Rolling Stones.

Podríamos decir que The Beatles gozaban de una popularidad a nivel mundial como pocas agrupaciones en esos años, y ese coqueteo con el LSD que empezó en 1965 comenzó a plasmarse de forma primigenia en “Rubber Soul”. Gracias a “Revolver”, que llegaría un año después, se consolidó ese rock psicodélico que sería la seña de identidad de su primer largo de 1967, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, una explosión ácida y psicodélica que hizo que los tantos y tantos imitadores de The Beatles se pusieran manos a la obra para tratar de copiarles, y los que no querían imitarles vieron en ese movimiento la oportunidad de lanzar un buen trabajo que encajara en el sonido del momento.

Cuando se habla de “Their Satanic Majesties Request” es desmedido afirmar que copiaron o plagiaron a The Beatles, porque los de Liverpool ni crearon la psicodelia ni fueron los primeros en concebir una obra de ese carácter. Obviando las comparaciones y dejando un poco de lado el “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (en mi opinión un buen número de peldaños por encima de la experiencia psicodélica de los de Jagger), nos encontramos ante la división de fans y crítica del momento: Para algunos los Stones han abandonado sus raíces blues y este camino no es lo suyo, y para otros ver cómo son capaces de jugar y experimentar con otro tipo de sonidos e instrumentos es un placer.

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La carátula da pequeñas puntadas de lo que será el contenido. Un pasaje extravagante que rodea a los Stones de por entonces vestidos como una especie de magos o hechiceros (con Brian Jones aún como referente) lleno de flores y vegetación colorida. De fondo la torre de un palacio y más a lo lejos una Luna y un remoto planeta. Psicodelia pura. Como curiosidad, en la carátula aparecen sutilmente entre los miembros las caras de los cuatro Beatles en respuesta a la portada del “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, en la cual en el margen inferior derecho asoma una muñeca cuyo jersey dice ‘Welcome The Rolling Stones’. Primer ejemplo de que el odio entre las dos agrupaciones reinas de Inglaterra no era tanto como se dice. Mick Jagger apuntó además sobre el diseño de esa portada que “Nuestra intención no era en absoluto que fuera una imagen agradable. Mira las expresiones de nuestras caras. Es como un cuento de hadas de los Hermanos Grimm, pero uno de esos que se te solían asustar cuando eras un niño pequeño“.

Viajando por el mundo ácido que desarrollaron sus satánicas majestades encontramos en primer lugar “Sing This All Together“. Brian Jones viajó a Marruecos en unas largas vacaciones en 1965, donde experimentó con los sonidos autóctonos que se hacen notar en este opening track. Líricamente sólo presenta dos versos y un estribillo que se repiten constantemente, pero si algo llama la atención es la aparición de John Lennon y Paul McCartney en los coros de este tema, demostrando de nuevo que quizás la rivalidad histórica que tanto se ha popularizado en cierta medida no era así.

https://www.youtube.com/watch?v=9aU0si_ernM

Una estructura de guitarra pesada y los versos intercalándose con los coros hacen de “Citadel” poco más o menos un rock más típico de los londinenses que se puede relacionar con piezas de otros álbumes, pero la voz de Jagger en modo psicodélico sumada a la guitarra de Keith Richards con efectos de eco y, sobre todo, el mellotron de Brian Jones, crean las texturas ácidas sobre las que se apoyan la letra, inspirada por el clásico largometraje de Fritz Lang, Metrópolis. Los británicos proyectan un futuro apocalíptico en el que fanáticos religiosos armados con biblias invaden el mundo obligando a rezar, además de opresión política, tecnología deshumanizada al extremo y capitalismo salvaje.

Un viaje ácido en toda regla es “In Another Land“, acreditada al bajista de por entonces, Bill Wyman, quien escribió la letra y pone su voz con toques robóticos que expresa perfectamente la dicotomía entre un viaje a otra tierra gracias a experiencias con el LSD y la vuelta a la Tierra. Nuestro protagonista se desplaza a un fantástico lugar medieval para establecer un romance con una damisela, despierta bruscamente y al abrir los ojos se pregunta a sí mismo si todo había sido un sueño, una broma… Se puede entender como una crítica o forma de ver que tenía Wyman sobre el movimiento hippie y su ‘Flower Power’. Es sabido que el ex-bajista no estaba de acuerdo con la línea musical que estaba siguiendo la banda en ese momento, más preocupados por seguir la estela de las tendencias del momento que por continuar con su estilo propio. Es más, el día de la grabación Richards y Jagger hicieron novillos y agregaron sus voces a posteriori, siendo Steve Marriott y Ronnie Lane de Small Faces quienes aportaron las guitarras y coros.

2000 Man“, cuarto corte del disco, funciona como dos tracks completamente separados. El primero de ellos introducido por una guitarra acústica y que dura un minuto y veinte segundos. A partir de ahí se suma el resto de instrumentación, Mick Jagger se pone en el papel de un futuro padre al que sus hijos no comprenden y el resto de componentes de la banda se ponen en el lugar del hijo, creando un conmovedor diálogo entre ambas partes.

Durante una sesión de improvisación liderada por Keith Richards y con Nicky Hopkins a los teclados (piano, clavicordio y órgano) surgió esa pieza “Sing This All Together” que duraba unos 15 minutos. Posteriormente decidieron coger los tres minutos y cuarenta segundos más musicales, adornarlos, y posicionarlos como esa primera pista. El resto aparecen en este “Sing This All Together (See What Happens)“.

El lado B del álbum empieza con otra de las canciones más destacadas, “She’s a Rainbow“, una tregua tras ocho lisérgicos minutos para hablarnos de amor de la forma más musical y melódica posible, destacando ese gancho de piano interpretado por Nicky Hopkins y el mellotron de Jones, aunque también merecen mención los arreglos de John Paul Jones (futuro bajista de Led Zeppelin) y el áspero final con esa discordia orquestal que recuerda al “A Day in the Life” de The Beatles. “She’s like a rainbow, coming, colors in the air… Oh, everywhere, she comes in colors…“.

The Lantern” aprovecha al máximo las raíces blues de los Stones y un Richards espléndido mientras Jagger canta sobre la transmigración de almas con un tono misterioso y cerrado, contrastando esa musicalidad blues terrenal y las fantasías lisérgicas de otros lugares. El octavo corte, “Gomper“, irradia armonías plácidas y hace un gran uso de esa experimentación de instrumentos de la que hablamos, en la que destacan unos constantes bongos que acompañan impecablemente, creando texturas cercanas a esa música marroquí que influyó a Jones para este trabajo.

El viaje lisérgico de los Rolling Stones llega a su fin pero incluso un crítico desde dentro como lo fue Wyman admitió que “2000 Light Years from Home” es un enorme pelotazo que se marcaron, sin perder sus matices blues consiguen crear un track abiertamente psicodélico y cósmico gracias al mellotron, un sintetizador Moog y cintas en bucle, sin olvidar las capas de guitarra y un sólido bajo para crear una atmósfera extraordinaria.

On with the Show” nos desciende suavemente obligando a posar nuestros pies de nuevo en la superficie de la Tierra, y sin tener la creatividad que atesora “Citadel”, ni la belleza de “She’s a Rainbow”, ni tampoco la experimentación de “Gomper” o el universo que crea “2000 Light Years from Home”, este tema con voces de fondo y un ambiente festivo demuestra la felicidad creativa que evidenciaban The Rolling Stones en 1967.

https://www.youtube.com/watch?v=uSR5A–rSOs


The Rolling Stones – Their Satanic Majesties Request


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  • Una adaptación a los sonidos reinantes por el final de los 60 para crear un gustosa y ácida experiencia.
  • La experimentación además de sonidos con instrumentos gracias en buena parte a Brian Jones predomina y complace.
  • Piezas convertidas en clásicos que a veces se olvida que provienen, supuestamente, de un disco que no convenció.

dislike

  • Para muchos alejarse de su sonido duro con raíces de blues fue un error inaceptable.
  • La injusta polémica que rodea siempre a un trabajo diferente que merece escucharse dentro de toda la obra de los británicos.

PÁGINA DE ARTISTA

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7.1

Momentos dorados para la psicodelia que los de Brian Jones por entonces y Mick Jagger querían aprovechar, sumándose a una ola que dividió a la crítica ya que se alejaban de sus orígenes, pero a la vez causa una estupenda sensación poder escuchar esa experimentación tan sesentera con diferentes sonidos e instrumentos. Imprescindible que hay que escuchar dentro de su discografía.