Un tipo solitario, huidizo, no muy amigo de las entrevistas e incluso ermitaño. Decide dejar las lluvias y tormentas de Santander para estudiar en Valladolid, donde empieza a ganarse un hueco en la escena local, y gracias a Javier Vielba (quien se mueve entre Arizona Baby, Corizonas, su carrera en solitario y la escena underground de Valladolid), logra lanzar este primer álbum “Camino Ácido” que a base de metrallazos con la ayuda de Joe no para de conseguir más y más seguidores.

El periodista Santiago Alcanda (Radio 3) lo considera una mezcla de Quique González y Albert Pla. También se ha llegado a decir que Ángel Stanich suena como si Bob Dylan se hubiera caído en una marmita de LSD. Él mismo en su perfil de Twitter se define como Lysergic Songwriter, y la verdad es que sus letras y su enigmática música pueden producir la misma sensación que la ingestión de una lámina de ácido lisérgico: desde levantar el ánimo o incrementar la percepción sensorial hasta hacer interesantes cosas que parecen irrelevantes o provocar sentimientos de complementación global mientras nos habla de Chinaski, de un amanecer caníbal o de una tal Miss Trueno cosecha del 89.

Ángel Stanich ha llegado a ser definido como si Bob Dylan se hubiera caído en una marmita de LSD, Lysergic Songwriter o una mezcla entre Quique González y Albert Pla.

Camino ácido mezclaste en un enlace peptídico, ricino y cinzano, entraste en un estado divino. Aún no has despertado, pero sigues marcando tú el ritmo por discos y antros, mañana no sabrás si es domingo…“. Así comienza este largo del que lo primero que nos llama la atención es la voz de Stanich, uno de sus puntos fuertes, porque si no te gusta, indiferente no te va a dejar y es muy probable que cortes por lo sano. Si bien es cierto que en un principio resulta algo estridente, según avanzan la escuchas acaba resultando intrigante, curiosa y, sobre todo, muy propia. Buena prueba de ello es el primer corte del LP que da nombre al mismo, “Camino Ácido“, en el que el bajo de Alex Izquierdo suena enérgico y la batería de Guille Aragón, compañero de Vielba en Arizona Baby, marca el ritmo a la perfección. La casual aparición de un órgano alumbra aún más nuestros primeros pasos en este camino ácido.

Outsider también podría ser otro adjetivo que definiría a Stanich, así que “El Outsider” podría ser un tema Ángel Stanich al cien por cien, cuya guitarra acústica como base cautiva al oyente, además de las pinceladas de eléctrica que enriquecen una pieza que como otras que se suceden consigue dar vida a los personajes de la historia que se narra: “Tú me tenías cogido, como a un cachito de látex, tú me pegaste un tiro y después me soltaste…“. Continuamos nuestro camino y nos topamos con “El Cruce“, la cual supura toques arizonianos e influencia de Javier Vielba. Añadimos texturas psicodélicas, un ritmo más pausado pero que crece progresivamente y referencias a Jim Morrison en “La tabla de un surfer, aquí estuvo el Rey. El Rey Lagarto…” para crear una pista formidable con una letra cruda y directa: “Ya tuve mi chute, corre en la piel. Aún sigo en mi nube, no puedo caer“.

Stanich recorre los primeros pasos de su carrera a través un disco con influencias culturales, letras mundanas y también surrealistas en el que su voz es uno de los platos fuertes.

La voz rasgada de Stanich se alza protagonista en “Chinaski“, cuyo título hace referencia al protagonista de varias novelas del escritor Charles Bukowski. Ese Chinaski aparece representado como un personaje con demasiado gusto por el alcohol, mujeriego y sin trabajo fijo, vagando de uno a otro igual que de mujer y mujer. También queda claro que es en parte el álter ego del propio escritor, quien también es probable que haya influido a Stanich en la creación de letras. Unos guitarreos con tintes ciertamente folk, voces y barullo de fondo sobre lo que destaca un “Yiiihaaa” nos despiertan y animan en “Día Del Apaleamiento“, interludio instrumental que probablemente a todos nos recuerde a Los Simpson y los ciudadanos de Springfield tratando de golpear serpientes hasta matarlas. Esa vivacidad que nos transmite esta pieza nos orienta hacia “Metralleta Joe“, un hit con un Guille Aragón espléndido marcando el ritmo, riffs rotundos y una letra sangrante con un verso feroz como es “El tipo en quien confía el carnicero cuando quiere el género fresco…“. Garra y rabia que no nos da ni un segundo de descanso hasta que terminan los cuatro minutos y cincuenta segundos de metrallazos que además ha servido como presentación de esta ópera prima de Stanich y compañía.

Volvemos a texturas Western y de vaqueros a través de una armónica que suena con fuerza en los primeros segundos de “La Noche del Coyote“, un medio tiempo en el que parece que se narra un asesinato ambientado en el Lejano Oeste. Tenues rasgueos de guitarra y el bajo de Izquierdo haciéndose oír y dando corpulencia a una canción que nos abre la segunda parte de un álbum que sigue sorprendiéndonos y deleitándonos.

La producción del arizoniano Javier Vielba realza la calidad de un conjunto de pistas que si bien alguna se hace demasiado extensa, guitarra, bajo y batería suenan coherentemente y dan solidez a todos los temas.

La voz de Stanich es uno de los pilares sobre los que se apoya el elepé, pero sin duda la instrumentación hace lo suyo para disipar cualquier duda que podamos tener sobre la calidad del disco. Nuevamente la guitarra acústica sirve como soporte para la desgarrada voz de Stanich con tono afligido en “Miss Trueno ’89“. El solo de eléctrica sobre la mitad del track brilla con luz propia y el juego con un acordeón que brota al final en esta historia romántica sobresale: “Tienes tequila en la piel (una botella de José Cuervo), y un beatle muere de sed en la quilla de algún desierto. ¿Quién peligra en la frontera? Voy camino de México. Creo que sé lo que hacer… ¡Correré el riesgo!“. Para el final la Ángel Stanich Band se reserva la pista más extensa del largo, “Amanecer Caníbal“, otra joya musical con una letra hablando de una tal Pequeña Lisa (que nos recuerda a la planta de reciclaje del Señor Burns), de Absenta y de un lugar llamado Jamaica donde el artista se pregunta si se puede pagar con Visa (probablemente la mayoría de vallisoletanos y castellanos piensen en el mismo lugar al escuchar esos versos). En el minuto final el tema adquiere más nervio, brío y carácter Western marca de la casa Vielba y Arizona Baby.

Antes de acabar todavía quedan dos Bonus Tracks. El primero de ellos es “Mezcalito“, en el que Stanich cambia en cierta medida su voz sin salirse del camino mientras le acompañan palmas y guitarras distorsionadas. Y en nuestros últimos pasos por esta senda ácida suena “El Río“, que no descubre nada y sigue en la misma línea pero añadiendo un jugoso coro para cerrar esta obra de un Stanich que apunta alto.

Ángel Stanich – Camino Ácido


7.2

Huidizo y solitario, Ángel Stanich recorre los primeros pasos de su carrera a través un disco con influencias culturales, letras mundanas y también surrealistas en el que su particular voz es uno de los platos fuertes. La producción de Javier Vielba añade su toque a las composiciones de un Dylan ácido salido de Santander y Valladolid que apunta alto.

  • Letras surrealistas y ocurrentes.
  • Guitarra, bajo y batería suenan de forma coherente siempre y dan solidez a todos los temas.
  • Toques arizonianos gracias a Javier Vielba que resultan realmente agradables.

  • Una voz realmente particular que en las primeras escuchas puede echarte para atrás.
  • Algunas piezas dan la sensación de ser excesivamente  extensas.

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