El rock nunca ha sido agradecido con los bajistas, tampoco en el caso de The Who. Probemos. Si hablamos del grupo ADN de los mods en un bar acabaremos haciéndolo primero de los salvajes conciertos en los que el guitarrista Pete Townshend destrozaba todo lo que se ponía por en medio después de haber hecho una y mil veces su ‘molinillo’ (‘Windmill’), moviendo en círculos el brazo derecho para dar contundentes guitarrazos.

O tal vez lo hablemos del batería Keith Moon, de su energética forma de tocar, su hiperactividad al mando de las baquetas y de su muerte por sobredosis de medicamentos. Quizás comentemos también anécdotas de Roger Daltrey, por ser el frontman, el cantante, el actor, el de la melena rizada. ¿Y del bajista?… John Entwistle tenía el nombre más impronunciable de los cuatro y fue víctima de ese mal, el de los bajistas de los que se habla como tocan, de fondo.

Pero sirva de presentación que Entwistle fue nombrado como el mejor bajista de todos los tiempos por la revista Rolling Stone en 2011 (uno de tantos reconocimientos póstumos) y ha sido comparado en su instrumento con el guitarrista Jimi Hendrix, empezando por su propio compañero Townshend. Si bien, esta valoración no ha llegado a calar en términos de popularidad.

Su calidad está principalmente unida a su formación. Entwistle nació en Chiswick, a las afueras de Londres, el 9 de octubre de 1944, y antes de los 10 años ya había estudiado piano. Después probó con la trompeta y en la escuela formó con Townshend la banda de jazz The Confederates.

Pero el rock, además de poco agradecido con los bajistas, tiene siempre en su ojo derecho a los guitarras, por lo que, siendo joven y cautivado por su sonido (pronto fue seguidor del guitarrista Duane Eddy), Entwsitle se pasó a las seis cuerdas. Sin embargo, parecía que el destino estaba escrito para que acabara tocando un bajo que construyó él mismo.

Daltrey no dudó en ficharle para sus The Detours, y el bueno de Entwistle arrastró consigo a Townshend. Así es que, siendo el guitarrista el principal compositor de los futuros The Who, parece que de entrada Entwistle tuvo bastante que ver en la eclosión de la histórica banda. Tras varios cambios en la formación, Moon uniría su percusión al grupo que pasó a denominarse finalmente The Who.

Desde el primer momento, The Who se caracterizó por ser una banda con querencia por los vatios, los volúmenes atronadores, las puestas en escena llenas de casi violencia, todo ello como expresión de una generación a la que dieron alas con su primer gran éxito “My Generation” (1965). Entwistle era bastante más tranquilo que el resto de compañeros, y en ese tema generacional ya dejaba claro que lo suyo era concentrarse en hacer verdaderos solos con insultante facilidad desde el bajo.

Lo cierto es que sobre el escenario sobre todo, y también fuera de él, Entwistle no se caracterizaba por su sociabilidad. Hay quien lo achaca a su condición de hijo de padres divorciados en unos años 40 en los que pocos se divorciaban.

Pero sobresalía por su forma de tocar. ‘The Ox’, como le llamaron por su figura vigorosa, también fue apodado ‘Thunderfingers’ (dedos de trueno) por su velocidad endiablada a la hora de tocar. Townshend nunca escatimó elogios hacia su compañero de cuerdas diciendo que era capaz de responder con su bajo a cualquier fraseo de la guitarra y que su capacidad para tocar tantas y tantas notas en poco tiempo era la forma ideal de rellenar los espacios que dejaban los secos guitarrazos que dan lugar a buen número de composiciones y que caracterizan la discografía de The Who.

En una entrevista concedida al periodista de Rolling Stone Jann Wenner en 1968, Townshend asegura que sus limitaciones con el instrumento le obligaron a poner sobre el escenario todo tipo de parafernalia. Llamar la atención para que no se notaran las carencias. Entwistle se encargaba de forma brillante de que su música fuera más lejos, la hacía mejor.

No hay más que ver ciertos vídeos que circulan por Internet, en los que la música es eliminada para dejar sonar sólo las pistas del bajista. En ellos se percibe la riqueza sonora que esconden canciones eternas de The Who como “Pinball Wizard”, “Baba O’Riley” o “Won’t Get Fooled Again”.

Pero Entwistle tenía otra faceta, la de cantante. De hecho es responsable de muchas pistas de coros en la discografía de The Who, aunque nunca acabó por cantar canciones que componía para la banda, ya que este papel estaba reservado principalmente para un Daltrey que a veces pasaba más tiempo lanzando el micrófono al aire que cantando.

El bajista quiso dar rienda suelta a esas composiciones y a su voz en numerosas grabaciones en solitario, empezando por el disco “Smash Your Head Against the Wall”, en 1971. Fue la primera aventura de un Who en solitario, pero no tuvo una gran acogida… como sí tendrían más tarde discos propios de Daltrey o Townshend.

En los años sucesivos, el músico publicaría una media decena de discos más en solitario, dando rienda suelta a su voz al tiempo que seguía siendo el velocista al bajo de The Who, para los que también grababa hasta secciones de viento en discos como “Quadrophenia” (1973).

Su actividad como músico le llevaba también a colaborar en otras bandas con músicos como el ex Eagle Joe Walsh (The Best), el ex Beatle Ringo Starr, Todd Rundgren o Billy Preston.

Distintas fuentes hablan de que este desenfreno musical se debía a su constante necesidad de ingresar dinero en unas cuentas que gastaba a la misma velocidad a la que tocaba. Cuenta en su haber una de las colecciones de instrumentos más grandes de la historia del rock que alojaba en su mansión de Gloucestershire, a la que se suman todo tipo de desmedidas comodidades, coches o droga. Entwistle no sabía retener lo que ganaba y de hecho, tras su muerte, acabó dejando deudas a sus herederos, quienes tuvieron que subastar bienes del bajista, después de una dilatada y exitosa carrera junto a The Who.

En los años 90, después de haber participado en la creación de la portada del disco de la banda “The Who By Numbers” (1975), Entwistle desarrolló una modesta carrera como dibujante, compartiendo afición con otros músicos como el guitarrista Ron Wood (The Rolling Stones) o el mismísimo Bob Dylan. Básicamente se trataba de ilustraciones, con toques de humor, sobre The Who. Pero todos los genios encuentran el momento más inoportuno para marcharse, y Entwistle también lo hizo, siguiendo los pasos de Keith Moon, quien murió en 1978 por una sobredosis de un medicamento para combatir los efectos de la abstinencia alcohólica que el médico le había recetado. En este caso, Entwistle se encontraba en Las Vegas, en la víspera del inicio de una gira de The Who. Era el 27 de junio de 2002. Según contaron entonces los periódicos, una stripper con la que pasó la noche en la habitación 658 del Hard Rock Hotel & Casino de la ciudad del juego le encontró muerto a la mañana siguiente. Al parecer había consumido cocaína, aunque no en cantidades letales. Los médicos dijeron que el delicado estado de su corazón, unido a sus reiterados problemas de colesterol, habían desembocado tras el consumo en un paro cardíaco. Tenía, dijeron, una arteria completamente bloqueada.

Entwistle fue tan buen músico o más que Pete Townshend, cantó como lo hizo Daltrey y murió salpicado por la droga y los malos hábitos como Moon. Pero era un tipo que llamaba poco la atención, y además era bajista.